O Rio de Janeiro, continua lindo.

Si tuviera un dron, (esas cámaras que filman desde el aire como si vinieran de Marte) me hubiese muerto de risa de verme con la más alta resaca y el más intenso de los sueños, con mis 32 años recién estrenados la noche anterior, mi valija de flores, la mochila rayada, la riñonera y los pantalones arrastrándose sin cesar por las veredas mojadas en sustancias aún desconocidas del carnaval que me esperaba.

  • O bloco, o bloco, você não pode colar ou onibus, você vai ter que caminhar.

Tal como me dijo o creí entender a un moço del aeropuerto, obediente tome el bus de Galeao a Santos Dumont (desde el aeropuerto grande al más chico que está más cerca de Lapa, donde me esperaban los gurises y me hospedaría por los siguientes tres días)

Si hubiese tenido un dron, y poderes hubiese armado un Tetris para depositarme cual ele roja en Riachuelo 169, cruzando por los arcos de Lapa. Ahí fue otra vez, yorugua empedernida que creyó que el Carnaval no Rio era prácticamente como la fiesta de la primavera de Nueva Palmira.

Carnaval no Rio se siente desde que el vuelo aterriza (aunque llueva), desde que olfateas alcohol en el guarda del bondi y le ves la brillantina a los de seguridad del aeropuerto. Entonces “acontece” que empezas a caminar con miedo “pra caralho” y te das cuenta de que nadie está mirando. El estado de euforia es supremo, la danza copa las calles, y se te queda pegada en la oreja la samba del momento, esa, que vas a cantar hasta mediados de junio.

Empezas a ver a la Mujer Maravilla (Mulher maravilhosa?), hombres con su velo de novia, indios, pokemones, cubos de Rubik, bailarinas con el propio tutu, y la cabeza explota, y no paras de sonreír y de reír, y festejar porque estas caminando cinchando de una valija cuyas ruedas no funcionan y se entierran en el lodo lleno de orín y alcoholes. Con suerte quien repare en mi presencia piensa que estoy disfrazada de turista. Te reís una vez más, estas en Rio, en carnaval. Cuando Charly decía “la alegría no es solo brasilera” no sé qué tanta razón tendría.

Días después mi avión aterrizó en BPS, cobre la jubilación, y la metí abajo del colchón. Mentira, BPS es el código del aeropuerto de Porto Seguro. Los códigos de aeropuerto son fundamentales en la vida de alguien que vive del turismo y me pareció que era un dato que ningún uruguayo tenía que pasar por alto, sobre todo si está cerca de los sesenta y cinco.

Estrené un Uber brasilero que me llamaron mis amigos en Rio y cuando llegue al BPS, no había absolutamente nada, ni taxi, ni Uber, ni carrito, nada. Solo remises de esos que te arrancan las muelas, y te cobran 180 reales (léase, 1800 pesos aproximadamente). Ni siquiera por dinero, por principios, me negué rotundamente y salí una vez más rauda con la valija de flores buscando una parada de ómnibus que quedaba a 15 cuadras.

Cuando finalmente aparece el bondi que “esperas” te tenes que tomar para llegar a destino y el guarda con cara de pocos amigos te dice:

  • Jogue a mala atrais e depois sobe por frente (no, no me pidió ningún tipo de favor sexual, me dijo que tirara la maleta por la puerta de atrás y que después subiera por adelante)

Me cago en dios, todo el ómnibus riéndose de mi pequeña humanidad, llevando sin entender aun, mi equipaje para la puerta trasera, y después corriendo para llegar nuevamente hacia adelante antes de que me cerrara la puerta en las narices. Hube de recordar una vez sentada abrazada a la valija que esto ya lo había visto en Rio y en varios lugares de Brasil, es habitual, podría hacer todo un cuestionamiento sobre la confianza y la seguridad en la sociedad carioca o bahiana, pero no me da la gana.

Finalmente, y luego de recorrer tramos no tan amigables llegue al destino, mi destino era “a bausa”, “la balsa”, prácticamente un barco abierto que te traslada desde Porto a Arraial de Ajuda. Falando com a gente me desayune que aún no llegaba al final de mi travesía, la balsa estaba a 14 kilómetros del centro de Arraial y caminar con la maleta de flores ya había dejado de ser una opción.

Entonces “pegue a van”, me tome una de esas camionetas que hacinan a la gente por tres reales y que solo se ponen en movimiento cuando no hay dudas de que no entra un alfiler. Baje a varias y hermosas cuadras del lugar donde me hospedaría, otra vez el equipaje haciendo estruendo por las callecitas de adoquines como gritando: “Eh! Acá llegue che!”

Llegué al Mox, el hostel que había reservado una vez mal y la otra bien, con la cola entre las patas pensando que me iban a fajar in-situ. Me recibió la dulzura de Sandra de Mina Gerais y me escoltó hasta el cuarto número tres donde apareció Jazmín con la melena rubia saludándome en portugués hasta medio segundo después, cuando supe que era argentina y ella festejaba de alegría porque yo fuera uruguaya.

Desde afuera se escuchan las risas de Graciela mientras se plancha el pelo y Luana se maquilla para salir un rato. Por sobre todas las cosas las carcajadas de Fernanda, “a líder do cuarto três”. Si Fernanda no fuera brasilera, si Fernanda hablara español y dijera las cosas que dice y como las dice, le tendría un profundo rechazo, se sabe que nunca me gusto que me den órdenes:

  • Senta aquí
  • Fecha a porta por causa do ar!
  • Faz calor pra caralho!
  • Ven pra aquí menina!

Así, la líder te caga a pedos con un acento y un tono de voz, que vas quietita y feliz a donde te diga, porque la tipa sabe. En dos días tenemos un par de teorías valiosas con Jazmín documentadas en una grabación de 50 minutos, en tres Fernanda me dio ese abrazo que todo lo cura. Nos despedimos de Graciela y Luana aunque no pude estar tanto con ellas, eso no importo.

Porque ahí queda clara la belleza, ese cuarto donde se juntan cinco completas desconocidas, cinco mujeres de diferentes lugares con ganas de que las cosas salgan bien, cinco mujeres que quieren a las mujeres, la magia es verdad en esta habitación y el amor también. Verme en ellas, tan iguales, tan distintas, es uno de los regalos de este viaje.

La líder del cuarto tres se fue hace un rato y es la primera noche en días que voy a estar sola, desde que salí de casa el 26 de febrero. Curiosamente esta vez, estuve más acompañada que nunca en un viaje, pero a la vez cuando quise irme, me fui. En Brasil la gente piensa que tengo 25 y eso me gusta, tengo 32, pero la sensación de que queda tanto para ver que tenía hace siete años.

A diferencia de lo que muchos amigos sospechaban, no conocí a ningún carioca ni a ningún bahiano. Bah, conocí un montón, y sambé hasta el amanecer con Vitor y Mauricio, que dos por tres tocaba el chelo y yo lo acompañaba. El día de playa termino a las diez de la noche, acabo de volver de pasar la jornada de playa con los “servicios” de Aladin que me traía una cerveza, un agua, un milho quente, el cenicero, me acomodaba la mochila por si subía la marea, la silla mirando al sol.

Termino mi día playero caminando por la parte menos conocida de Arraial, escuchando a los músicos callejeros, tomando cerveza en el barranco, yendo a la plaza donde los artesanos como Rocío, se ponen en ronda a vender a la temporada que se va terminando inminentemente. Rocío vive hace cuatro años en Brasil y está ansiosa que venga su familia a visitarla desde Argentina la próxima semana. Mientras arregla una tobillera de macramé dice “un abrazo de mama preciso”.

Eso me recuerda que se me acaba el viaje y que claro que siempre quiero los abrazos de mi vieja, pero me quedaría, si no fuera porque tengo por delante el posiblemente último recital del Indio Solari, a saber, única motivación para salir de este lugar.

Para último día todo salió acorde a lo planeado: madrugué, desayuné, armé el mate y bajé a la playa. Cuando hablo de bajar a la playa, hablo literalmente de BAJAR, siete cuadras con inclinación de montaña rusa, más tres rectas pero larguísimas. Por eso las idas a la playa eran tan duraderas, supongo, ni que hablar de olvidarte del pareo o algo así. Por eso las brasileras tienen el “pandeiro” que tienen.

No es posible hacer el raconto de diez días de viaje en un cuadernito, es aburrido para quien escribe, e inmensamente denso para el hipotético lector.

Brasil como siempre es, lo que personalmente, podría definir como paraíso. Volver a Rio esta vez con quienes quiero tanto. Ver, vivir el carnaval por primera vez, vibrar la euforia de los que van dando “beijo na boca” por las calles, tomar cerveza hasta reventar “pelas ruas de Lapa”, subirme a los ómnibus que van a toda velocidad, enamorarme otra vez de Ipanema y pasar los días tarareando “Olha que coisa mais linda tão cheia de graça”

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Llegar a Porto Seguro, sentir el calor que me iba a abrazar los siguientes días, tomar la balsa, caminar por el empedrado de subidas y bajadas intensas, llenas de aromas de comidas deliciosas (y prohibitivas), entrar al hostal que superó ampliamente todas las expectativas y encontrar tanta belleza y cariño en la gente que ahí estaba. Las playas, el aire, las caminatas que nunca parecían llegar a un final, Ariel y Delal buscando la “Lagoa Azul” que terminó siendo no más que un estanque, un pozo de agua servida de color pestilente.

Pasear por Porto Seguro, tomar las vans, que van y van a mil por hora por los morros como quien va paseando por la ruta 1. La calidez de Lía que se acercó a mí a hablar solo por hablar, y terminar sentada la última playa con ella y su familia, despedirme de Jackson y Jason (el verdadero nombre de Aladin), mientras de fondo suena “La belle de jour” de Alceu Valença.

No es posible comprimir en un texto nada de lo acontecido a lo largo del viaje, solo un par de imágenes o anécdotas sin capacidad de síntesis, para poder registrarlo y guardarlo en mi memoria, todo lo demás, la sensación de disfrute y paz que tuve, de sonrisas de felicidad de esa que es de verdad, quedo guardadito acá en el medio del pecho y es implasmable en una hoja desde arriba del avión.

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En Can(t)ada II

Volver al mismo lugar y reconocerlo. Verlo con otros ojos, sacarse el frío. Confirmar que las personas pueden cambiar absolutamente todo, que los encuentros hacen al lugar. Poder sacar los pendientes de la lista, porque hace calorcito, porque hay mas tiempo.

No importa si frío o calor. Encontré Toronto en Junio al igual que en Abril con una voragine de gente en las mañanas. Con tanto trabajo como la otra vez pero con la suma de las noches de charla y parranda, total parcial: cansancio, total general: satisfacción y felicidad.

La Presto Card se convirtió en todo un desafío para el grupete de uruguayos que tendrían que movilizarse de una ciudad a otra, ir a la estación, cargarla, mirar los horarios del GO train, entender que es distinto al VIA Rail. Preguntando como una tarada si determinado subway para en ST.claire cuando cualquier canadiense sabe que hay un solo tren que va en una sola dirección, no hay un 103 y un 109 que van por 8 de octubre los dos. Para en Camino Maldonado y Libia.. Acá eso no existe.

La señora muy adorada dice por el alto-parlante cual es la próxima estación..te avisa cuando estas llegando cosa de que no tengas que salir despavorida corriendo serio riesgo de dejar el celular o el libro olvidado en el asiento. Sabes hasta por que puerta vas a bajar para no quedar paralizada como idiota en el medio del vagón.

El verano en Canadá logro lo que quería: sacarme la imagen gélida de Toronto, hinchar la panza de cerveza a los treinta grados, agarrar un doradito sundown en pleno invierno uruguayo, reafirmar cuanto me gusta lo que hago una vez mas y por sobre todas las cosas trajo reencuentros de la ultima vez y encuentros nuevos con quienes están cerca diariamente en unos pocos metros cuadrados y nunca había visto.

Tuve el placer y la fortuna de compartir momentos con seres maravillosos, de cambiar las perspectivas de atesorarlos de alguna manera como un recuerdo y como una suerte de amistad que ojala perdure a la vuelta. Es cierto que estar de viaje vulnerabiliza (si es que esa palabra existe) a los corazones mas duros; entonces pasa que cada compañero se convierte en un seudoamigo momentáneo. Que las salidas con esa gente desconocida son las mas excitantes que tuviste en años, todo se hace mas fácil cuando estas lejos de esta forma.

Y si, hay días donde todo se desvanece porque alguien se bajoneo y se rompió la magia.. Pero se reconstruye rápidamente. Escuchar a Gabi con toda su sabiduría sentir una suerte de protección maternal y a su vez toda la permisividad y su total centro en el mundo fue algo increíble. Encontrar en Leandro un compañero de ruta y de noches que desearía con el corazón que permaneciera en el tiempo aunque no hayamos podido hilvanar una sola idea en los 25 días que compartimos. Llenar horas de charlas diferentes, tan diferentes desde el fondo del alma con Alejo o con Camila esa chiquita grande a la que todos le decían que me tenía que conocer y a la que yo hacia tiempo ya había identificado por los pasillos.

Y por ultimo o primero volverme a ver. Con ganas de reír. Radiante y agradecida de las cosas que van pasando. Llena de admiración por las personas que se me cruzaron por el camino esta vez a quienes voy a abrazar eternamente por estos días y por haber aparecido. Nada hubiese sido lo que fue. Ni las cataratas del Niágara en todo su esplendor, ni las islas con su playa nudista y todos sus penes feos. Ni el Firking Bar de abajo donde se nos pasaron las horas. Ni el tercer piso testigo de millones de palabras. Ni China Town, ni Dundas, ni Yonge.

Me quedaría por esto y porque Canadá o Toronto demostró ser lo que yo me imaginaba. No solo un lugar lleno de vida y de gente inteligente, amable y querible (acá van incluidos varios de mis alumnos y ex alumnos) si no que también puede ser cálido, también hay agua maravillosa y siempre voy a querer volver, eso si, siempre que sea de junio a setiembre..

 

 

EN CAN(t)ADA

La hoja en blanco que no ha parado de llamarme; me cuesta más que otras veces, se me entrevera con códigos, con el billón de palabras dichas durante el día, con el agotamiento, y las ganas de salir cuando no estoy trabajando.

Hoy me compre un paraguas, algo que jamás hubiese hecho en Uruguay. Hoy, y toda la semana anterior me agarré los pelos viendo todo lo que pasa por el sur, en Dolores, en Colonia, en Maldonado, en Brasil, en Ecuador y me di cuenta, al igual que otras veces, que caigo a escribir como por arte de magia en el día 21 de viaje. Los que han leído otras bitácoras van a entenderlo mejor.

Lejos de extrañar, este viaje no me ha dado tregua desde el día uno. No he parado un segundo, los días son de una intensidad, atroz y entretenida. Me duele la cara de hablar y la cabeza de pensar, se ve que no es algo que tenga tan ejercitado. El viaje comienza más o menos así (no os preocupéis, que no voy a ir día por día):

Otra vez en el 984 de American Airlines desesperada porque llegue la cena ya que no pase bocado en todo el día. Los afectos me preguntan “¿cómo puede ser que estés nerviosa, si tenes mas viajes que Julio Alonso?”. Y yo digo que sí, que puede ser, que cada viaje es distinto y que uno mismo es distinto en cada viaje, que no es lo mismo. Es que en el fondo de eso se trata, si miro hacia atrás cada lugar que he pisado me cambió de alguna forma, aunque sea una partecita de mí, y eso, creo yo, es bueno.

A papá se le ocurrió agarrar Avenida Italia justo cuando en dos horas juega la celeste contra Perú, está bueno, porque quienes conocen a mi viejo es un tipo que no se estresa en lo más mínimo así que se pasó genial camino al aeropuerto (para quienes no lo conocen, esto es irónico), mientras tanto mama que ahora se agiornó (busque y busque esta palabra, y no existe en español) con la tecnología le quiere cargar “Abis” a su Movistar.

Toronto es una ciudad deslumbrante, bien se puede ir caminando casi a cualquier lugar de los que están en el centro de la ciudad, cosa que me encanta. La gente es amable y como siempre en estos lugares altamente cosmopolitas tengo el gusto de encontrarme con gentes de variados orígenes, y eso lo hace mas interesante aun.

El lago Ontario es una belleza si no fuera porque el día que fui no podía ni cebar un mate del frío congelante que hacia. Pase por el el AC Centre, el Sony Centre lugar donde días después tocaria Iggy Pop, nada menor. Fui al China Town (en casi todas las ciudades de por acá hay uno), que en realidad no tiene mucho solo un montón de imanes que les voy a llevar, algunas especias interesantes, y olores bastante particulares.

La calle College se viste de gala con miles de edificios alucinantes, que son para los universitarios, hay que ver los lugares donde estudian, también hay que ver a indigentes que se acuestan el las rendijas de la vereda donde sube el calor del subterráneo para no morir congelados, porque vamos, el primer mundo, es bien jodido también.

Little Italy (de esto también hay en muchas de estas ciudades) con un montón de locales que dicen vender la auténtica pasta italiana y nada mas. Y como broche la calle Yonge donde esta mi apartamento que es un despliegue de carteles luminosos, gente caminando, restaurantes de todas las regiones imaginables e inimaginables, ofertas de “lap dance” (literalmente que te  bailen en la falda), y mucho mucho comercio de ropa, carísima.

Por allá perdidito en una esquina esta el Imperial Bar donde fui con mis alumnos un viernes y fue como estar en casa:

-Vicky, that’s a dirty place (Vicky, mira que este es un lugar sucio, lo que nosotros traduciríamos como “antro”)

-Mmm.. Don’t think so, I’m from Uruguay, remember?  (Mmm…No creo, soy de Uruguay, te acordás?)

El lugar era una maravilla, lleno de libros, una mesa de pool, un futbolito, cerveza a 250 pesos la jarra (lo cual es un precio extremadamente razonable por acá, sépanlo, casi no bebo), un patio (donde no se puede fumar) y gente de lo mas amena. De lo mejorcito que curtí en Toronto por ahora.

Sábado de Mercado St. Lawrence, que es una especie de Mercado Agrícola, muy lindo si, pero estos son los lugares que me hacen extrañar la feria de Salto, esta todo armado super prolijo y eso es lindo, pero le falta ese no se qué ese qué se yo, que solo lo tiene la feria del barrio con los gritos del “Cacho”, y la cata de fiambres que hago antes de llevarme cien gramos de uno, solo porque me consienten.

Fui a la CN Tower, una torre gigante, que es mas alta que muchos otros pendorchos que andan por ahí sueltos. Ustedes dirán que soy una inconformista: si ya se que en realidad no considero una atracción maravillosa subirme a una torre para ver la ciudad desde arriba, mas hoy por hoy con la existencia del Google Earth, por qué, díganme por qué gasto 40 dolares en subirme, si realmente me chupa un huevo.

Pero…Una esta en un país que no conoce. Y si le dicen “ay, no podes estar en Toronto y no ir a la CN Tower” una, agacha la cabeza y va. Como verán no mucho para contar al respecto salvo que la próxima vez, voy a hacer lo que se me cante y les diré a los agentes que había una excursión de chinos tratando de entrar atiborrados de cámaras fotográficas y me quede sin entradas.

De repente cuando ya tenia comida en el freezer, la heladera con frutas, alacena con café y azúcar, y las caravanas colgadas estratégicamente en el baño y mi ropa en los cajones, me avisan que me voy a Ottawa. Los cambios así como así, descompensan un poco, pero por suerte se me paso rapidísimo porque me di cuenta de que me iba a la propia capital de Canadá, y que esta esta mas cerca del Montreal, lugar que de seguro quería visitar, y así será.

Llegue a Ottawa después de dar clases todo el lunes a eso de la once de la noche para despertarme a las 6 al otro día y dar clases de nuevo. Esta bien, es un poco brusca la llegada, pero valió la pena, tal como lo presentía. Ottawa, me fascina. Estoy feliz de estar acá, y feliz de todo lo que vengo haciendo.

Como Toronto, es totalmente caminable. Mas chiquita, mas familiar, la gente realmente vive por los lugares donde caminas no son solo oficinas o comercios. El segundo día, se me dio por caminar hacia arriba por la Elgin Street porque me había llamado la atención desde la mañana, camine, despacio, mas rápido y cuando quise acordar (después de que un egipcio me dijera que nos conocíamos de otra vida) me encontré con el “Parliment Hill”. El edificio del Parlamento, el parque, sumado a el color del atardecer fue como trasportarme a otro lugar y en otro tiempo. Entonces la capital fue un camino de deslumbramiento sin retorno, que fortuna.

 

Me canse de caminar la Elgin de un lado a otro y todos los días hice un camino diferente hasta la oficina, todos los días probé algo distinto cuando termine de trabajar. Fuimos al bar mas guarro de la calle Somerset donde si existe la cerveza relativamente barata y comí comida India hasta reventar que es uno de los tantos privilegios de viajar a estos lugares, hay comida de donde quieras cocinada por su gente.

El sábado hice un free walking tour, como aquellos que hice en Europa donde siempre hay algún joven, generalmente muy agraciado, que te cuenta los pormenores y mayores de la ciudad. Lamentablemente, a pesar de mi manejo del ingles, debo confesar que la mitad de las cosas las perdí por falta de vocabulario o por chistes internos sobre beisbol que no entendí. Si hay algo que me quedo clarísimo es lo siguiente, dicho por Andre: hay dos palabras que definen a un canadiense “not american”. Claro, se sabe que cuando esta gente habla de “americans” se refieren a Estados Unidos, el resto de américa, claro esta, no essssiste. Si con “s”.

Lo maravilloso del tour aparte de caminar mucho y tener un pantallazo general de la ciudad es que terminamos en el lugar altamente recomendado por todos mis agentes el “Byward Market”, este si, un mercado que tiene algunas partecitas cerradas, pero el resto se despliega entre las calles y locales de comida local y no local. Lindo de ver, de respirar y trillar. Compre unos pedacitos de queso y mientras la vendedora me preguntaba sobre el mate, yo le pedía indicaciones para llegar al Lafayette.

El Lafayette es el bar mas viejo de todo Ottawa. Algunos dicen que es de mala muerte, otros dicen que ahora esta mejor. Lo cierto, es que este es el tipo de lugares a donde creo que uno tiene que ir si realmente quiere vincularse con el lugar donde esta, que CN Tower ni ocho cuartos! Lenny, me sirvió una de las mejores IPAs de barril con unos bocaditos de queso, me senté en la barra, miré alrededor, la rock-ola, los afiches, la gente, las familias o los viejos sentados en la puerta desde la mañana.

Una pantalla que fingía ser una estufa leña (innecesaria porque el día estaba hermoso) y arriba un cuadro donde me pareció reconocer a gente. El cuadro replicaba la ultima cena, pero cuando empece a mirar mejor me di cuenta de que Lenny estaba ahí y también otro viejo barbudo que resulta trabaja ahí desde hace mil años.

Llegue a las 3 de la tarde y me termine yendo a las ocho de la noche con Will, mi nuevo amigo canadiense de 57 años de edad. Un ex-homeless (sin techo), que trabaja en la construcción solo en verano, por lo que en el invierno se dedica a construir motos. Estaba también Eric que contaba con menos dientes que espacios vacíos a quien le gane una partida de un juego al estilo tatetí y se quedo de lo mas ofuscado.

Apareció Aly, toda exuberante con una amiga, Lenny seguía ahí, y otro montón de gente mas, incluso la policía local que se quedo charlando con todos nosotros. Recibí un mail de un policía que decía: “Se que odias a los policías, pero fue un gusto conocerte, espero que tengas una linda estadía en Canadá”. Algo se me debe haber escapado, aparte de mi dirección de correo.

El espectáculo de Lucky Ron de música Country aparentemente algo imperdible si uno esta en el barrio de Byward y mas precisamentel Laff (como le decimos los habitués del Lafayette) dio comienzo a las 5 de la tarde, el boliche se lleno y mientras tanto Cathy la esposa de Lucky Ron (lo mas parecido a Janis Joplin si hubiera llegado a vieja que vi) levantaba aúpa al policía de la zona.

Podría estar horas hablando de esta tarde que se hizo noche, pero me quedo con la sonrisa desdentada de Eric preguntando “where’s the bus” porque se quería tirar debajo de un bondi porque le gané la partida. Los ojos buenos y la barba larga de Will que me acompañó hasta asegurarse que entrara a mi hotel, la música y la gente bailando, la carcajada de arrabal de Cathy, y el porte vikingo de Lenny. Lo único que uno puede llevarse de los lugares es la gente. Y el martes volví a juntarme en la misma mesa del Laff con los veteranos para despedirnos. Me regalaron el gorro que todos los mozos del bar tienen y quedó la promesa de mantenernos en contacto.

Transcurrió toda la semana en Ottawa con alegría, exceso de trabajo y buenos encuentros, con los agentes, con colegas de otros países, volví al Laff una vez mas, y comí ceviche y tome vino argentino. Me encanté nuevamente con el trabajo y así como así , ya es viernes y voy en este momento en un tren casi por llegar a Montreal.

No fue la mejor mañana, un día de lluvia en el que desperté con la llamada de Gil que al estar en Israel sigue sin entender de diferencias horarias, que me llamo para darme la triste noticia de que Tali una de las agentes con las que trabaje en Jerusalem estaba hospitalizada. Tali iba en un ómnibus que hicieron explotar. Y de nuevo lo único que uno se lleva de los lugares es la gente. Y así, todo eso que es la realidad de hizo mas real. Mañana gris en Ottawa.

Empiezo a escuchar mucho francés. Eso me divierte. Me divierten los abrazos al despedirme de las personas con las que trabajé dos semanas, me hace sonreír haberme tomado un bondi para salir de esta ciudad divina y estar llegando a una ciudad nueva en un tren que recorre paisajes alucinantes, casitas de colores.

Pintó más bien Buenos Aires Montreal, a mi criterio con dos días es mas que suficiente. Camine a lo loco como siempre. Fui al Royal Parc que es una montaña mentida en la ciudad. Una montaña, eso implica una subida inminente, termo mate, lengua afuera piernas temblando, estas totalmente fuera de forma. La vista de arriba es la de la ciudad, que en verdad no tiene nada en particular. Pero el paseo es divino, miles de escaleras entre árboles, pasto seco a esta altura del año, mas arboles que van poniendo sus hojas verdes, caminitos lleno de niños, familias, amigos, y esos deportistas que te pasan zumbando por al lado respirando fuerte haciéndote sentir la persona menos saludable del mundo.

Recorrí casi todos los barrios de la ciudad, y luego de la subida a la montana, las piernas pedían un descanso, entonces fui me cambié y me fui al Ziggy Pub, si, porque no se que es eso de descansar y porque aparte alguien que parece conocerme bastante bien en poco tiempo me dijo que ese era el lugar para mi en Montreal. Y tenia razón. El resto de los lugares son muy pipi-cucu, hay que emperifollarse demasiado, y no es mi estilo y tampoco tenia ganas. El Ziggy es una escalera hacia abajo, el fin del mundo, donde hay una especie de taberna, con olor a mil noches, y gente de variadas procedencias, cerré la puerta con la dueña, Victoria,  a las 3am.

Al otro día temprano y con dolor, armé todo y salí a pasear de nuevo, esta vez para la parte que me había salteado sin querer o queriendo el día anterior. La parte vieja de Montreal, el puerto. Es como transportarse a Europa, hay una enorme plaza, donde protestaban contra la explotación animal y rezongaban a un señor que tenia carros tirados por caballos, no carritos como los nuestros, carritos decorados con flores y temáticos para sacarte a pasear, a pensar.

De vuelta en Toronto, fue como llegar a una seudo-casa porque cada vez estoy mas convencida de que mi poder de adaptabilidad es grande, y con cada viaje va aumentando. Todavía apretó el 5 en el ascensor que es el piso donde estaba antes. Y me encanta. Otra vez camine mucho, para ver todo lo que no había visto antes aunque tanto no va quedando, siempre hay mas de todas formas.

La cuestión es caminar. La cuestión es dejarse sorprender también. Y mantener los ojos abiertos. Una de las cosas que mas me llamo la atención de este lugar, llamémoslo Ontario, es la locura algunos seres de la calle, en la calle. Es triste y asusta. Es de lo mas común ir caminando y empezar a escuchar “fuck you all, mother fuckers”, “no, no, kill your mother”, y otro montón de improperios e incoherencias cuando no hay alguien pateando algún basurero o caminando con la mirada totalmente extraviada.

En realidad, no estoy haciendo una apología de la sociedad de los muertos vivos ni mucho menos, pero es una observación que no pude evitar, la vi reiteradas veces, y en las tres ciudades. También lo he visto en Montevideo pero no tanto, yo se lo atribuyo a los pocos que somos, obviamente en un ciudad mas grande la miseria ha de verse el triple. Ningún lugar esta lejos.

El viaje llega a su fin, así también como lo de Ottawa me entero de un día para otro que el sábado estoy volviendo, y que lo mas probable es que en Junio vuelva a Canadá. Estoy contenta porque siempre extraño, pero podría haber tirado bastante mas. Este lugar me hizo sentir como en casa, la gente es amable y siento una marcada diferencia con otro país del norte que he visitado bastantes veces…lo voy a resumir en dos conceptos: acá se puede ser peatón, turista y trabajador y acá la gente piensa bastante, claramente el nivel educativo de un lugar hace la diferencia.

Cada vez estoy más convencida de lo desastrosa que es esa llamada “primer potencia”. Sobre todo porque vengo de estar encerrada en un cuartito durante una hora eterna en la que pensé que perdía el vuelo, con una morena gigante que se movía con lentitud apropósito a buscar la puta engrampadora, otra vez, el pasaporte perdido hace cuatro años. Ya lo viví en el viaje esto, porque el día que intentamos ir a las Cataratas de Niágara (cosa que me quedo en el debe) estuve dos horas en la aduana para cruzar a Buffalo, me retuvieron el pasaporte para preguntarme:

  • Alguna vez le robaron el pasaporte?
  • Se me perdió una vez, si.
  • Y lo tiene con usted ahora?

A lo que le respondo mirándolo como si me estuviera tomando el pelo ya que el tenia mi pasaporte actual es su mano de guante de latex

  • Eh, si.

Me quede con las ganas de responderle:

  • Sabes que no, eso que tenes en la mano lo acabo de imprimir en el hotel, y las visas son las de tu hermana, y la reputisimamadrequeteremilpariogringodemierda.

Así las cosas, ya voy rumbo a Miami, deseando ya el vuelo 981 destino Montevideo. Suena tan bien. No puedo esperar a sorprenderlos. En doce horas mas o menos estamos desayunando en familia, preparándonos para el cumple de Luca. En unas horas mas, los tambores, los amigos. Como si el mes no hubiese pasado, aunque tanto haya pasado.

 

 

 

Crónicas del Shabbat

Hace una eternidad que estoy en Jerusalem… Y a su vez no me dan los días para todo lo que hay que ver. Quiero quedarme más días, y también quiero irme. Jerusalem está pintorescamente pintada con bloques exactamente iguales tanto para el Banco Hapoalim como para la casa de la vecina, todo, todo, hecho con los mismos bloques. Apareció con una suerte de Puente de las Américas y más gente con armas.

Apareció esplendida, y con nada que temer, porque en definitiva no hay nada que temer. Te pegas un resbalón si llueve porque las baldosas son bloques lustrosos, y fácilmente te confundís un edificio con el otro porque todos, como decía antes, están hechos de la misma piedra, acá, eso de que no tengo sentido de orientación no vale.

Otra vez cae el viernes de tarde en Jerusalem, y parece mentira, pero es verdad. No sabría cómo describirlo, pero en cuanto a sensaciones térmicas, se me ocurre hacerles acuerdo de un 30 de Abril, cuando todos salen como despavoridos a hacer compras porque se sabe que el 1º de Mayo todo va a estar cerrado, hay que juntarse, y hay que cocinar, y al otro día irse al Parador Tajes o a Cuchilla Alta a festejar que trabajamos y tenemos un día para homenajearnos por eso.

La ciudad vieja se divide en cuartos: el cuarto Armenio, el Cristiano, el Musulmán, y el Judío. Las historias de cada uno de esos “cuartos de ciudad” vendrán con fotos y voz. Estamos en el “Cuarto Judío” a eso de las 3.45pm un viernes, de las ventanas empezaron a salir aromas de comida de abuela, salieron condimentos conocidos y desconocidos que inundaron las piedras, los niños se amontonaban en las ventanas vestidos de gala para saludar a los turistas curiosos. Yo los mire, niños y punto, acá y en china, que hermosura toda esa inocencia e igualdad, repito, en Israel en Uruguay, Francia, niños.

Un aire diferente se estaba respirando y yo no entendía bien. La gente corría, en serio, la gente caminaba apurada como si fuera un martes a las 9.00am en el centro de una ciudad, la gente empezaba a desaparecer en las risitas de los nenes que miraban desde las ventanas y el aroma de comida casera. Fue el comienzo de otro Shabbat en Jerusalem, en Israel.  Una dimensión desconocida para nosotros.

Me gusta vivir sin Shabbat me gusta creer en lo que creo si es que creo en algo (esto ha de venir en otras páginas), pero me parece admirable, me dio algo de inentendible nostalgia, ese compromiso y esa devoción por estar ahí a esa hora, cuando baja el sol, para prender velas, para bendecir a sus hijos, para cenar indiscutiblemente juntos, para no andar en auto, para hacer el amor, pero no fumar , ni hacer cosas al horno, ni cortar el pasto, ni coser, ni etcéteras incuestionables para nosotros, pero que respetan  al pie de la letra acá. Como será tener la sensación de estar tan aferrado y creer tanto en algo? Yo no lo sé.

Entonces el domingo, que viene a ser como mi lunes,  llego a la oficina y Eva me cuenta todo lo que cocino y el día hermoso que pasaron en familia enfrente a la estufa a leña. Porque me olvidaba, que no solo lidiamos con la paz extrema del Shabbat sino con un frio que nos entumeció de un día a otro. Pero el Shabbat es eso, es un descanso de verdad. Cuando hablaba de las cosas que no pueden hacer y de la locura del día previo eso de verdad genera que este sea un día de despojo de todo, lo que genera una paz que en nuestro país de occidente no conocemos, creo yo. Claro, para los que no vivimos acá y queremos pasear o bolichear no ha de ser de lo más entretenido.

Empieza la jornada a las nueve de la mañana, Eva esta espléndida en su escritorio siempre maquillada y con los championes porque vino caminando tres kilómetros para llegar a la agencia, Eva tiene setenta y muy largos y dieciséis nieto, me dice que no frunza el ceño cuando me concentro, porque me voy a arrugar y se enoja muchísimo conmigo porque fumo. Atrás, viene Olga que me hace una especie de Reiki para la contractura del cuello y me dice que esto se soluciona con sexo y Ditta que me quiere conseguir un novio Israelí para que me quede a vivir acá, mientras tanto Tali con su verborragia constante pregunta si se puede distinguir a un uruguayo de un español y cuando le vas a responder te dice que el viernes salio con amigas y que quiere renunciar a su trabajo.

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Vienen pasando muchas cosas desde que llegamos a Jerusalem, sobre todo han pasado los días y el estado se torna un poco diferente, estamos un poco cansados y algunos extrañan más que otros. Trato de no perder el norte, de seguir feliz por haber flotado en el Mar Muerto y embarrarme hasta el tobillo para tener una piel más tersa. El Mar Muerto es eso, un mar muerto, paisajísticamente nada que envidiar a ningún otro mar pero la experiencia de estar ahí es divertida para quien sabe disfrutar.

En Jerusalem hay otro mercado similar al de la historia del Carmel Market de Tel Aviv, el Mahane Yehuda,  así que no voy a detenerme a contar el cumulo de sensaciones otra vez. También hay barcitos escondidos por ahí que me van a dejar con las ganas al parecer ya que la única vez que intentamos salir hubo una corrida de personas y policías en la calle, nos asustamos y volvimos a nuestra pacifica burbuja de la Colonia Alemana (Hamoshava Hagermanit ).

Tengo una sensación extraña de querer volver, hay demasiada intensidad de hechos por acá. Quiero en verdad, salir a caminar sola por ahí sin que nadie me diga que tenga cuidado. A ver, creo que esto es igual a Montevideo, si son las tres de la mañana y yo estoy en Ciudad Vieja difícilmente me vaya caminando a Palermo, pero la diferencia es que esto no es Montevideo.

Así como hay personas que me estoy llevando eternamente conmigo hay quienes quisiera no haber visto. Como el día que fuimos al Monte de los Olivos y mientras buscábamos un lugar para estacionar se acerca un tipo (claramente árabe) que nos empieza a indicar donde dejar el auto a lo que yo le dije a Benja “este nos va a cagar”. A los veinte minutos me estaba deshaciendo de 50 shekels (400 pesos) de mi billetera solo para poder sacárnoslo de arriba.

Esa misma tarde fuimos a Bethlehem (más conocida por nosotros como Belén), donde lo único que vimos fue la Iglesia de la Natividad, donde supuestamente nació el flaco Jesu, y yo tengo que decirlo, entro a una Iglesia más y me viene algo, de verdad. La experiencia de Belen fue algo aterradora, es parte del West Bank, es Palestina, donde quienes tienen ciudadanía israelí no pueden entrar y donde los turistas solo podemos ir en un tour y no tanto rato, sinceramente uno siente que se tiene que ir y punto.

Uno tiene sentimientos encontrados, me recuerdo cantando al ritmo de SK-P “Viva Palestina libre”, sigo pensando en la libertad de cualquier nación, y sigo aborreciendo cualquier tipo de violencia del lado que venga. Y en definitiva, lo que vi en Palestina, así como entrar en conocimiento de que ayer mataron a dos árabes palestinos en el centro de Jerusalem, me hace pensar y creer, después de todo lo vivido que todo, todo la misma mierda, violencia, desde el lado o la nación que la mires, y eso duele.

Sufian el recepcionista del horario de la noche del hotel dijo algo acertado a mí entender:

  • Vicky, religion is suicide.

“Vicky, la religión es suicidio”. Lejos de cuestionar las creencias de nadie ni la religión de nadie, entendí perfectamente a que se refería. Este fanatismo loco y enfermo, la religión es suicidio porque de la mano de la religión va la política y por sobre todas las cosas, la economía, a mí que no me jodan. En realidad este viaje me ha sido súper intenso e interesante en este sentido. Descubrí cuanto admiro a la gente con convicciones tan firmes, me agrada que exista gente así, conocí mucho de esto y me enorgullecí por ellos. A su vez, tanto fanatismo me dio hasta asco y si en algún momento bromeamos con que me podía “convertir” a lo largo de este viaje, nada está más lejos.

Todas estas cosas se me mezclan con el jueves de noche y la ida al museo del Holocausto, de donde salí sin aire, y todavía la sensación de angustia perdura hasta hoy domingo. Vamos, no quiero hacer de esta bitácora una tragedia griega pero definitivamente es parte de la realidad indiscutible de este viaje. No hay nada más dramático que ver la masacre, fue demasiado duro, y fue real. Claro que uno se queda sin aire de solo ver un discurso de Hitler, de ver las radios que le entregaban al pueblo, de caminar en una especie de reproducción de un gueto pero repito, esto no es por la novelería de un museo que se monta a la perfección sino porque nada de eso es mentira. Eso, paso. Como pasan todas las cosas que están pasando acá ahora.

Los israelíes, los judíos tienen una forma muy orgullosa de mostrarse, de regodearse con todas las cosas que han hecho a lo largo de la historia. De nuevo, como he dicho en algún otro viaje, es cuestión de ponerse en los zapatos y ver parte de la historia de un país para entender como es el pais en el presente. Ninguna sociedad es como es porque sí. No me extraña que después de un holocausto, se vanaglorien de que ellos crearon el Waze (un navegador, GPS) que Google se los compro, como crearon el Whatsapp, si, el Whatsapp, e incluso los tomates cherry. Parece una estupidez lo que estoy diciendo, pero da para pensar, o acaso nosotros no seguimos festejando el mundial del 50?

Se esta terminando el viaje y como siempre cuando los viajes se terminan todo empieza a suceder de golpe, entro en esa contradicción de querer quedarme para no perderme de nada! Se está celebrando Hanukkah y Jerusalem esta hermosa. Vistieron los postes de las veredas con telas de colores y también los arboles. Esta lleno de luces de todo tipo y a cada paso nos topamos con los menorahs que de a poquito van encendiendo todas las velas. Hanukka dura 8 dias y no vamos a llegar al final, pero se respira otro aire en la ciudad. Todos los días como decía antes se prende una nueva vela del menora. El menorah es el candelabro de ocho velas mas una grande en el medio que se prende estratégicamente de derecha a izquierda por cada dia que pasa.

Se me han ido ocurriendo a lo largo de las horas mil cosas para contar pero como ya voy rumbo a Madrid y casi estoy mareada con el particular olor de quien se sienta a mi lado (que tema el hedor), creo que mucho va a quedar para los cuentos en vivo y en directo. Ayer fue nuestra ultima noche en Jerusalem,  Tali y Gil nos llevaron de paseo para poder vibrar el Hanukah mas de cerca, caminamos por barrios reales, volvimos a la zona del Mahane Yehude (el mercado) mi zona favorita en Jerusalem, vimos millones de menorahs, de ninhos, escuchamos el canto del Hanukah que es un sonido que se te impregna, vimos sinagogas donde los hombres y solamente los hombres cantaban y bebían, las mujeres no, tuvimos que mirar el espectáculo desde una escalera, uno que pensaba que estaban mas alla, pero, aca están, igualitos a los árabes, diría Tali, extremistas.

“Las despedidas son esos dolores dulces” y ayer la dulzura no paro de llamar a mi puerta, un dia lleno de abrazos y de mimos, esos días que te ensanchan el alma, me te aturden de ternura. Un abrazo de Eva saludando a mi madre porque ella esta segura de que por como hablo de ella es una gran mujer y siente como si la conociera. Unos ojitos humedecidos de Dita agradeciendo infinitamente, Olga masajeándome una vez mas y recordándome sus consejos, Sandra que con su especial aroma me pide el Facebook, y Rochale que me invita a fumar el ultimo cigarro juntas, porque a Tali la voy a ver en un rato. Irit me pide que me relocalice en Israel, y jura que un mes mas, y hablo hebreo.

Todas estas imágenes, se me acumulan, aca, en el medio del pecho, desde el dia uno hasta ahora mientras el Iberia 3317 (shalosh, shalosh, egad, sheva) me lleva a Madrid para finalmente llegar a mi querida Montevideo. Me emociono y soy feliz por ser acreedora de tanta riqueza. Se me llenan los ojos de lagrimas de pensar en toda la gente que paso por mi vida en tan solo un mes y medio, todos los lugares que pude ver, todos los aromas, cada uno de los platos saboreados y velitas encendidas, cada cara triste, cada sensación de temor, las miradas de afecto de suertes de madres y abuelas israelíes que se me cruzaron y supieron hacerme sentir en casa.

Me quedo con un aprendizaje que no me entra en el cuerpo. Aprendizaje de mi y de otros, de los que dejo y de los que me esperan. De lo afortunada que soy de tener lo que tengo en casa y de seguir caminando y encontrar-me con seres de otros países, por que no, de otras galaxias. Dan ganas de abrir mas caminos, dan ganas de abrazar mucho a Uruguay, y a quienes extrane tanto por un mes y medio y dan ganas de parar un poco, solo para seguir andando, dan ganas de quedarse y de una nueva partida. Porque de eso se trata: Ningun lugar esta lejos.

Wholly-land

No recuerdo que me haya costado tanto una partida como esta, debería ya estar acostumbrada de cierta forma. Igual es una sensación temporal, me pongo en modo avión, me entra el hambre voraz y ganas de dormir como siempre que estoy en el aire. Viajo en Iberia por primera vez y albergo la ilusión de que me traigan de jamón serrano y se me hace agua la boca. Que el capitán de la nave se llame Jesús y yo vaya a Israel, a la Holy Land (la famosa Tierra Santa), es mera coincidencia.

Como en Iberia no nos dieron una pata de jamón serrano ni nada similar, me encontré de nuevo en Madrid mirando todas las variedades de jamones en el Free Shop y pensando la forma de comprar una bandejita y abrirla a sabiendas de que mi alicate está en el equipaje despachado (al parecer aprendí, después de varios alicates resignados en la aduana). Madrid, que ganas de bajarme y tomar esas canitas, que ganas de darme una vueltita por la Plaza Mayor.

El segundo vuelo lo dormí absolutamente todo, ha de ser porque me toco entre medio de dos curas y dije, “a estos nunca les pasa nada”, así que viaje tranquilísima. A pesar de todo el miedo que infundía la sola idea de pisar Israel, la pasada por el aeropuerto pareció joda, fue eso, una pasada, ni detectores, ni malos modos, ni valijas desparramadas, ni nada. Salvo sacarse los championes y volver a ponérselos que es lo más doloroso después de casi diecisiete horas de vuelo, pasamos, como si nada hacia el afuera que nos recibía oscuro y cálido a las 4.40pm.

Es posible que en algún momento me haya imaginado a mí y a mis compañeros caminando con cascos o chalecos antibalas, pero nada está más lejos de la imaginación a veces. Tel Aviv, no duerme y  como no duerme me sentí como en casa. La gente nos recibió inexplicablemente bien, por no decir que a los cuatro días ya tenía “mi bar” donde  Iale me saluda por mi nombre y con Tom de la recepción del hotel nos contamos prácticamente la vida en un par de horas.

Se decir varias cosas en hebreo y trato de aplicarlas, y a ellos les encanta pero de todos modos hablan mucho Ingles. Conocimos mucha gente, encantadora, escuchado muchas historias, aprendido mucho de historia también por qué no? Estando acá uno  pensaría que CNN miente un poquito con las noticias, da para pensar.

No quiero escupir para arriba porque aún queda mucho para ver, pero definitivamente hasta ahora no he visto a nadie preocupado, ni siquiera cuando suena una alarma y a mí me viene un seudo-paro-cardiaco. Ellos viven, salen, trabajan, se ríen, como todos. Como en todos los lugares del mundo, donde pasaron y pasan cosas malas, ningún lugar está lejos, y al final todos padecen de una forma u otra.

La ingesta de Humus es tremenda, aunque uno no quiera, es demasiado rico, hay de todos los tipos, te lo tiran por la cabeza por supuesto acompañado por un pan de pita que se te deshace en las manos y listo: o vuelvo rodando, o con cara de garbanzo, o rodando como un garbanzo, no sé. Unas bolitas de Falafel para no quedarse con hambre y una picadita con todas las aceitunas, pickles, ajíes, que a uno se le ocurran. Agregamos un Shawarma y un Shakshuka y listo, para el verano voy a estar regia. Por suerte las caminatas bordeando el Mediterráneo han sido varias aunque sea para digerir.

Tel Aviv en verdad es una ciudad bastante moderna, no tan despampanante en cuanto a edificios altísimos (lo cual me encanta) no hay tanta historia ahí como en otros lugares de Israel, y eso aún está por verse. La parte vieja de la ciudad Tel Aviv-Yaffa es muy pintoresca con su “flea market”, y las callecitas más chiquitas y su Clock Tower y por allá al final del camino el mar resplandeciente.

El Carmel Market fue el lugar más poderoso que vi, restando los bares, restaurantes y la gente (léase, especímenes de género masculino que no pueden estar tan bien y yo que pensaba que los italianos eran lindos). Como decía, el Carmel Market es un despliegue de colores y de aromas. Cuando hablo de “market”, no me refiero a un supermercado. El market en inglés es más bien una feria, pero una feria muy, muy, pero muy grande (nada que ver con la feria de Salto de los sábados).

Es una mezcla de tantas cosas que entiendo que haya a quienes les desagrade, pero a mí me deslumbra. Todas las especias del mundo por un lado, aceitunas gigantes y chiquititas, negras y verdes, ropa interior y pegadito un puesto con jugos naturales de las miles de frutas que tienen acá, un puesto de frutos secos que detesto, y otro de chocolates, otro de semillas que nunca había visto antes y al lado un local de juguetes de niños.

A los costados las calles casi que se inundan porque es viernes y empezó a llover incansable, hay un olor más bien desagradable y sigo caminando mirando barcitos y entro a otra calle que es la calle de los carniceros, trato de salir rápido y salgo entre medio de otros puestos que venden ropa de contrabando, y almacenes que venden café de marcas de renombre, tomo una nueva callecita y esta el mejor lugar de sopa yemení del mundo donde hace unos días tomamos la sopa de pollo más rica, otra calle más y veo un lugar donde venden yerba Nobleza Gaucha y refresco Inca Cola (una inmundicia de líquido amarillo de Perú).

El mercado es todo eso, me perdí diez millones de veces y anduve bajo lluvia una y otra vez por los mismos lugares pero todo me parecía diferente la segunda y la tercera y la cuarta vez (si es cuestión de perderse estoy mandada a hacer). Por suerte para todo lo demás esta Benja que es mi conductor favorito y gran compañero de viaje y Sylvia que tiene el hipo más gracioso del mundo y se aviva cuando yo no le doy bola al GPS* porque vengo cantando y sacando fotos.

Finalmente, y no tan contenta por mi parte (como si mi instinto fuera bueno para esto mas no para las direcciones) arrancamos ayer hacia Tiberias, al norte de Israel. El viaje como siempre muy ameno, pusimos música, charlamos, tomamos mate, vimos la ruta y todo nos fascinaba a tal punto que nos olvidamos de que había una voz saliendo del GPS* que nos decía “por ahí no, por ahí no!”.

En realidad esto es para ponerle un poco de suspenso y que cuando lean esto piensen que caímos en Gaza y listo. La verdad solo nos desviamos un poco y llegamos a pasar por Haifa que es otra ciudad bien importante. Llegar a Tiberias un sábado (lo que de ahora en más comenzare a llamar Sabbat) no ha de ser la mejor tarjeta de presentación, que la recepcionista te pida que le digas la hora a la que pensábamos desayunar para prepararlo exclusivamente porque éramos los únicos huéspedes tampoco.

La piscina vacía, y tener que atravesar el hotel para llegar al cuarto considerando que el único lugar donde hay conexión a internet es el lobby del hotel, son solo detalles. Son detalles también el lavatorio de 20 centímetros de ancho donde lavarte la cara es como bañarte en una ducha sin cortina o mampara y el wáter colocado a solo quince centímetros de la bañera ahí justo donde van las piernas… los beneficios de medir uno-sesenta, de otra forma hubiese tenido que sentarme de costado o con los pies arriba de la bañera (que imagen bochornosa).

Estamos en Tiberias porque aparentemente es el lugar mas prometedor en el norte de Israel, por ahora todo parecería indicar lo contrario. Tenemos la suerte de que los trabajos son en otros lugares y estamos conociendo mucho mas. Naharyia, Afula, Migdal HaEmek, y vamos por mas.

Tiberias promete siempre y cuando lo veas a la luz del día, cosa que pasó únicamente el martes cuando nos tuvimos que mudar a otro hotel porque el nuestro estaba sobrevendido, básicamente nos desalojaron. Después de todo cuando se termina la jornada laboral, luego de la hora de viaje de vuelta,  en Tiberias no hay mucho para hacer.

Nos mudamos por una noche de este hotel para ir a otro digno de película por el estilo un tanto anticuado de las habitaciones donde amanecí a las 5.40am con un Mar de Galilea rosado, violeta, azul. Qué? No me estaba acostando, dije que vi el amanecer, me desperté y vi el amanecer, puta madre, nadie me cree. El Mar de Galilea es donde dicen que Jesús camino sobre el agua, cosa que ahora que lo veo tiene mucho más sentido, es un lago tranquilito, ahora sí, todo me cierra más.

Mudarse esta bueno, y menos mal, porque de vuelta en el hotel de origen me tuve que mudar nuevamente, pero esta vez, de cuarto. Jure que me estaba picando una araña después de una ida a un Kibutz el Sabbat, cuando resulta, que no, que había unos bichitos que se estaban haciendo la fiesta conmigo mientras dormía. Adorable. Simplemente detalles.

El tema de mi picazón constante y futuras cicatrices nos salió redondito, nos dieron cena en el hotel todas las noches intentando prevenir duras evaluaciones en TripAdvisor, nos pasaron a las suites no sé qué, me llevaban bandejas de frutas al cuarto, y como si esto fuera poco mis picaduras terminaron en un fin de semana en un hotel 5 estrellas con habitaciones con vista al mar en la ciudad de Haifa. Las cosas que hay que hacer!

Es la segunda semana que metemos 120km por día. Salimos temprano, dejamos a Sylvia en Migdal HaEmek y a Benjamin y a mí nos toca en Afula, una agencia un poco más grande. Si hay algo que siempre adore de viajar, es trabajar mientras viajo y no ser simplemente turista. En la agencia, como siempre la mayoría son bastante grandecitos, les cambias los estantes de lugar y se enloquecen. “El sistema es lento”, “antes yo podía hacer esto, y ahora con esta mie… no”, “Te juro, Vicky que con esto no puedo, voy a renunciar”. En fin, sabíamos a lo que veníamos, y va a pasar y va a estar bien.

Me encanta escucharlos hablar, me encanta más estar ahí para dar una mano. Me encanta que Bracha se agarre los pelos y me mire con cara de odio porque sé que no es a mí a quien odia y me rio y entonces ella se ríe. Me encanta que Seema llegue todas las mañanas y me dé un abrazo de madre que una necesita cuando esta lejos, que Leonie sea parecida a mi abuela y me dé un poquito de miedo y escuchar a Anat hablar inglés con Benja.

Efraím el dueño de la agencia merece un capitulo aparte. Quienes estén leyendo esto deberían googlear al viejito de “Up”, una película animada para que se hagan la idea.  Efraím tiene 84 años, y Dalia su esposa trabaja también en la agencia pero solo tres días por semana, batallo contra el cáncer, también tiene cerca de 84 y hace 59 que están juntos.

Llegamos y Efraím grita “Victoria” y me prepara café, nos trae comida todo el tiempo, y ahora se le ha dado por cantar “My Bonnie lies over the ocean” todos los días, pero es algo como “mai boni laiz oufer zi ozian”, y me muero de ternura. Nos lleva hasta la cocina de la agencia, abre los placares y nos muestra todo lo que hay (esto es absolutamente todos los días), y a todo le decimos que sí y nos reímos.

  • Look, Benjamin, the bezzt tahina – (Mira Benjamin, la major Tahina)
  • Victoria from Zauzamerica, Oroguay!
  • My friend is Benjamin, not Victoria
  • Victoria, nezt journey you and me
  • Benjamin not good, lazy
  • Look the breadz, the bezt, take wiz you

Así todos los días Efraím se pasea por toda la agencia, nos ama, a veces demasiado como el día que me pregunto si dormíamos todos por separado en el hotel y me dijo que iba a venir a visitarme, nos da de comer, nos sirve la comida literalmente, lava los platos, se enoja si no aceptas la comida, te trae servilletas, falta que nos limpie la boca. Es pura generosidad, es cómico con su seseo permanente, es puro amor, y es el dueño y es maravilloso ver que existe gente así.

 

Lo lindo de todo esto es no olvidarse de las personas. Uno viene un poco a trabajar como una maquinita y de repente, te habías olvidado de que no, de que vos sos una persona que está lejos y ellos están en casa con los problemas de estar en casa, que estas con ellos cuando trabajan y cuando se enojaron con la hija, cuando un nieto está enfermo, cuando comparten fotos del Sabbat en familia, cuando se ríen de cualquier otra cosa que nada tiene que ver con el “objetivo laboral” del viaje.

 

Con Benja hemos buscado y rebuscado cosas para hacer en Tiberias, insistentes he incansables, salimos a caminar a conciencia de que todo era repecho, nos hemos perdido en el auto poniendo letras en el GPS a ver si tira algún lugar para ir, nada. Todas las noches misma situación: una limonada, una cerveza y una excelente charla.  Si se trata de aprender de la gente, y de crecer, por acá con este compañero no he dejado de sorprenderme.

Imaginaros queridos alguien totalmente opuesto a mí, pero totalmente opuesto (exceptuando la mayoría de los gustos musicales), bueno, ese es Benjamin. Y hay que ver la de rato que hemos pasado remando la tranquilidad excesiva de este lugar, laburando codo a codo, contándonos desde sus misiones hasta mis salidas al  Bacilón, “ainda más”, falamos portugués, bajamos música para meter ruta, caminamos, y nos tomamos un jugo de naranja y un café en Cofix, y seguimos charlando al punto de que tengo miedo de que en una semana se nos acaben los temas y esto sea un bajón.

Hay días llenos de adrenalina como ese en que tuve un desfile de nigerianos queriéndose sacar fotos conmigo en la puerta del hotel (algo había escuchado de mis amigas cuando viajan a china, pero vamos, ni ellos son chinos, ni soy alta ni rubia), en el camino a Afula me tire todo el café arriba y la noche anterior me había dado cuenta de que en el hotel, más precisamente en mi cama había bedbugs, una especie de chinches que me dejaron los brazos como después de esa varicela que nunca tuve.

Hay días que van un poco más quietos donde no pasan tantas cosas y queda más tiempo para pensar. Y pensar estando tan lejos puede ser peligroso. Día 21 de viaje y cada vez que esto sucede recuerdo a toda la familia de mi padre, solo por el simple hecho de que esta vez sí tiene razón: este es el día en que uno empieza a extrañar. Nada ni nadie en específico, simplemente se instala esa sensación de estar saciada de conocer tantos lugares y gente nueva y se siente la necesidad de volver al hogar. Es un sentimiento pasajero, se va y va a volver y se va a ir otra vez, pero es la bajada, quedan tres semanas de intenso trabajo por acá.

 

 

 

En algo nos parecemos…Vientito de Tucumán

Pequeños placeres de la vida laboral…Otra vez con las patitas pisando un suelo que deseaba. No hay cosa que me dé mas felicidad. Ver gente diferente, que es diferente solo porque están en un lugar diferente, y encontrarme en cada uno de estas personas; pasar de los 17 grados a los 35; escuchar un distintos acentos.

DSC04489Que me manden a conocer un lugar que no me puedo perder y encontrarme perdida en un barrio de cogotudas casas y un par de shoppings que nunca va a capturar mi atención y  por testaruda que soy seguir caminando hasta llagarme los talones para terminar tomando un cerveza con un plano hermoso de la montana mientras me caen las florcitas del jacarandá arriba…eso, no tiene precio.

Esta vez, toco-man,Tucumán. Estoy cerca de lugares a donde siempre soñé ir y a los que por cuestiones de tiempo no voy a poder llegar, pero que lindo saberse cerca y seguir en movimiento…que lindo dejarme llevar por un bondi cuyo destino no tengo claro y decirle al chofer:

– Soy de Uruguay, me bajo donde te parezca que vale la pena…

Y escuchar al rato…

– A ver donde esta la amiga Uruguaya…?! Por acá esta bien si se baja señorita!

Ojo, a no imaginarse un grito  de chofer de CUTCSA un viernes de diciembre a las 5 de la tarde… el volumen de voz por estos lugares es bastante reducido y mucho mas dulce por lo que he visto, o mejor dicho, escuchado hasta ahora.

Es probable que no haya conocido gente tan cálida. En Tucumán te abraza el calor cuando salís a la calle y quienes lo padecen huirían despavoridos. Por mi parte, salvo estar transpirando cual si hubiera corrido una maratón, la temperatura, no es un problema. Te abraza también el calor de la gente, esa forma de hablar y de mirar, de conocer-se que casi que me había olvidado de que existía.

Por momentos excede tanta amabilidad…O emociona, como me emocionó que Andrés el guía del Museo del Folklore me haya hecho un recorrido por todo el lugar contándome absolutamente todo lo que sabía y no precisamente buscando propina o algo a cambio. Claro, excede, emociona porque uno perdió un poco la costumbre de esas cosas que hacen a la gente mas humana, que acercan mas, que hacen sonreír mas.

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En Montevideo queda mucho de esa cuestión barrial, provincial, pueblerina, no sé -esa manía de querer ponerle un nombre a las cosas- pero a la vez nos enviciamos un tanto con ese “gran ciudad” que es una mentira. Me dio un poco de nostalgia. Ser la misma cantidad en un espacio físico casi igual y habernos perdido de todo eso de mirarse mas a los ojos, de ir con mas calma. Ya ni me acuerdo como era yo antes de la vorágine, deseo no haberme hundido tanto…Observarlo creo, será al menos un buen síntoma.

Dialogo con niñas de Catamarca:

-Y aquí yoban?

-Aquí que?

-Si aquí yoban…

Yo pensando que era algún tipo de ritual desconocido para mi, que practicaba la gente de estos lares le respondí que no sabia.Considerando que la pregunta venia de una niña de 10 años no me imagine que cuando me decía que la gente “yobaba” se refería al delictivo acto de robar, hasta que me hizo el gesto universal envolviendo los dedos de su manito en un puño.

Noche linda la de ayer, de luces y sonido en la Casita Tucumana, de ver niños disfrutando de algo diferente, niños que no sabían donde estaba Uruguay y creo que tampoco les interesó mucho cuando les quise contar, de ver gente cantando el himno apasionada.

Noche para salir corriendo a una peña, noche de decir que me voy y terminar a las 5 de la mañana en El Alto de la Lechuza (una de las peñas mas conocidas de este lugar) bailando chacareras en compañía de personajes inauditos como el “Amanecido” un señor de 75 años con quien sigo en contacto hasta el día de hoy por mensajes de texto.

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Escenario vacío de la peña…4.30am

Gracias Tucumán por tanto en tan pocos días …ya quiero volver a pisar tus calles derretidas de calor.

U…ropa (mucho tiempo después)

Uno, dos, tres…

Para los quienes disfrutan de las bitácoras viajeras parece que esto de escribir y contar anécdotas sera tarea fácil a lo largo de mi trayecto. No me entra la sonrisa en la cara (o debería decir “entraba”?). Feliz, radiante, entrando a Ezeiza, pasando por migraciones, todavía con mucho camino por recorrer, me cachearon casi en una suerte de caricia, todo muy lindo hasta que al llegar al umbral que nos conducía a la parte de “Conexiones”.

Una señorita con los ojos maquillados a mas no poder y el respectivo pañuelo de Aerolíneas Argentinas con las manitos entrecruzadas a la altura del pecho (típico de alguien que sabe que su interlocutor la va a querer matar) y con cara de “acá no pasa nada”:

  • El vuelo 1160 a Barcelona?
  • Si…
  • Ah, ese va a salir a las 2am
  • Fíjate que no, sale a las 23.55pm…
  • Se atraso porque llego tarde del otro lugar donde venia, y hay que hacer la limpieza, pero nosotros les ofrecemos la cena en La Churrascaría! – dijo con cara de felicidad

No vale la pena contar el dialogo que sucedió a continuación. Pero la realidad es que tuve ganas de pedirle una escoba y unos trapos para limpiar el avión entero incluyendo los baños, las turbinas, y hasta al capitán. Por otra parte, y esto fue algo que le deje claro, el bife de chorizo y las papas fritas se las podía meter en el orificio que se le ocurriera, porque hambre no tenia, en vistas de que claro esta, había perdido mi vuelo a París.

Así arranca la cosa, y yo, sigo con la misma paz y sonrisas que cuando salí de Uruguay. Me encontré una gurisa muy buena onda y después nos acoplamos con otra cuando fuimos a cenar a La Churrasqueria (el que pensó que no comí, no me conoce ni un poco). Las cinco horas de espera y la bronca de la plata y el tiempo que perdí, se hicieron mas llevaderas.

Así que acá voy en el vuelo 1160 (que la reputisimamadrequeloremilpario) totalmente imperturbable, mañana será otro día y por suerte en el avión voy a cenar por segunda vez.

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Aeropuerto de Barcelona. 5.19am

Bien es probable que esto sea un desafío a la buena onda y al temple. Luego de haber perdido el vuelo a parís y hospedarme bajo un aguacero de verano en un hotel que conseguí que me dieran en Aerolíneas al ladito del aeropuerto en Barcelona (un paisaje maravilloso),arranco un nuevo día, con esa sensación de que no hay obstáculo que no se pueda sobrellevar, vamos, estoy de vacaciones.

Es maravilloso saberme en Europa y estar escuchando ese español con “sshhhss”que no se entiende bien por momentos, es maravilloso haber comido una torrada con jamon ibérico (felicidad extrema) y es increíble haber dormido dos horas, levantarme a las 3.30am para llegar a las 9am a París a por otro comienzo.

Victoria, tan uruguaya como la quieras…

Algo que he de tener en cuenta (a pesar de saberlo después de tantos viajes en mi haber) es que ningún lugar del mundo es Montevideo (salvo el aeropuerto de Calama, o Saginaw en Michigan). No, no importa que sean las 5am, no importa si vas a Lesotho, nunca pero nunca la cola para hacer el embarque de la compañía aérea en la que viajes va a tener menos de 20 personas adelante tuyo.

Vos dirás, es Vueling, TanganicaAirlines, Transavia, es martes, son las 5am, no importa, cagaste, acá las dos o tres horas antes cuentan en serio. Ahora pienso en la hora y media haciendo cebo en carrasco con mis viejos y mi abuela y me río. Como hace una ciudad para no dormir nunca?

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París…la capital del amor.

Podría empezar a contar detalladamente cada una de las cosas que hice en París, pero creo que esos cuentos los puedo dejar para el regreso. Me enamore de París apenas llegue, de las calles, de escuchar el francés, de las queserías y las vinerías.

Se hacen varios tours gratis por países europeos caminando. Eso sin lugar a dudas me gusta mil veces mas que subirme al bondi lleno de chinos sacando fotos a monumentos que no tienen ni idea que son. Los relatos van en vivo y en directo a la vuelta, pero me toco hacer uno con un argentino formidable que contaba esa parte de la historia que nadie nos contó y que uno retiene mil veces mas que el año en el que se construyo el Arco del Triunfo.

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Podría, como les decía antes, contar mil detalles que viví pero me voy a quedar con mi historia parisina favorita:

Con miedo a perderme por enésima vez sobre todo si se trata de ir en un tren bajo tierra arranque hacia Montmatre para conocer toda esa parte de “la Bohemia” de París, el Moulin Rouge, la calle de los Artistas.

Luego de subir doscientos mil escalones con su respectiva bajada, caminando por un barrio que no me parecía tan amigable como el Barrio Latino y teniendo en cuenta lo que me había dicho Joaquin (Shoaquimmmm, portugués el hombre) de no volver muy tarde por no era la mejor zona para una chica sola, ya iba de vuelta al hostel…

Veo un bar chiquitito con un montón de gente con la cabeza tupida de canas, subidos de tono, cantando a grito pelao’ canciones de Edith Piaf. Seguí caminando y me di cuenta que desde adentro venia una voz muy singular, entonando temas que para mi significan simplemente “París”

Seguí, me volví, me hice la disimulada inspeccionando llaveritos con la torre Eiffel, tres por diez euros, juné las mesas de afuera y vi que quedaba una silla libre al lado de una mujer, notoriamente mas joven que todas las demás.

Acá todos se sientan muy cerca de los demás, para cenar, a la hora de un café…no aguante mas, le pregunte a la mujer en lenguaje de senas si me podía sentar a su lado. Resulto que hablaba español y que era una mujer encantadora.

El cuadro se transformó en el siguiente: Nina, de cuarenta años, y los dos demás de setenta para arriba y claro está, yo, tomando tragos espirituosos, cantando “Je ne regret de rien”, riendo, haciendo palmas. Si me voy de parís mañana me voy completa.

Todos los detalles de la vida de Nina los contare a cada uno a su merced, solo quería descargar toda esta alegría y esta energía increíble mientras vuelvo de Montmatre siendo las 22.30pm habiendo empezado ese encuentro muchas horas atrás. Regina, Alice, Sylvie, Nina, gente que por tres o cuatro horas hicieron de esta tarde noche algo mágico.

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Todos las historias de Francia en los ’40, queriendo acompañarme al cementerio donde esta enterrada Edith Piaf (entre otros grandes), eso, sin hablar el mismo idioma. Escribiéndome mensajes en cuadernos, invitándome a la fiesta donde van a cerrar ese lugar que tiene 80 años de historia, ese bolichito que me hizo vivir todo lo que yo buscaba en este lugar. Gente que me lleno de ternura y música en mi segundo día de viaje. Gente que nunca voy a olvidar.

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El país de la cerveza

Creo que toman cerveza hasta en el baño. Llegar a Bruselas y ver a tanta gente con los ojos inyectados en sangre, fue toda una experiencia, esta claro que los ojos rojos aparecen porque tienen ojos claros. No recuerdo haber visto tanta gente mamada junta, ni en una fiesta X, ni en el Pilsen Rock, en ningún lado!

Estaba bien no organizar todo antes de partir. Llegue a Bruselas, con la mochilota que ya de por si me delata y para colmo ahora lleva un sombrero atado que me regalo Sylvie (la cantante de París); total general: sos turista. Empece a seguir a semejantes por la calle cual paparazzi, cada vez que veía a alguien con mochila lo interceptaba y le preguntaba si sabia donde quedarse.

Al cabo de media hora mientras iba en busca de un X Hostel, me tope con un Hosteling International  (es como una Asociacion de Hostels para “jóvenes”). Ahora soy alberguista y pago un 10% menos porque soy miembro, ah claro, y porque soy menor de 30!

El tema de la edad me trae un tanto contrariada, tengo la suerte de ser chiquita y no comportarme como una señora, pero el caso es que cada vez que entablo conversaciones amenas con gente todos resultan tener 19, 21 a lo sumo 27 años. No se bien que sensación me genera, pero algo raro pasa.

Que el suizo que ayer no paraba de invitarnos a tomar cerveza porque no podía creer lo barato que era, hoy a la mañana en el desayuno  mientras le recomendaba que hidratara la tremenda resaca que tenia me diga “si, mama” no me cayó para nada en gracia.

Bruselas es maravillosa aunque la gente se me hace un poco extraña. Por momento siento que los molesto, o que les importa un carajo, por momentos parece que esta todo bien. Ya venia, igualmente, preparada para este tipo de encuentros.

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El paisaje es sumamente pintoresco. No solo porque sentís que estas adentro de una película, de una escenografía. Todo el tiempo estas dudando de que esas casitas sean reales. Acá hay de todo. Mucha, pero mucha joda. Creo que la vida cotidiana gira en torno a la cerveza (ojo, no es nada de lo que yo no pueda hacerme cargo con facilidad).

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Hay una mezcla super interesante que no tuve chance de ver en París. Un contraste de gente: turistas, grupos de  jóvenes veteranos por todos lados, esto me encanta, están como quieren, hay lugar para todos y fiesta para todos.

Desde París, estoy con la manía de perderme de una forma asombrosa. A veces me doy cuenta de que camine por la misma calle tres veces, de que voy dando vueltas en círculos, de que no llegue al lugar donde quería llegar pero me encontré con un lugar mas lindo en el camino.

Tengo los pies pidiendo auxilio y la espalda haciendome burlas a cada paso que doy. Miro con ganas las sillas de ruedas y los cochecitos de bebe, debo llevar facil un promedio de 10 km por dia

Encuentros del tercer tipo…

Hay algo que me viene sucediendo desde el principio del viaje. Ya me había sucedido anteriormente, pero esta vez el sentimiento es inclaudicable, se corta la respiración, aprieto los dientes, es que he descubierto mí parte xenofóbica: tengo bajo nivel de tolerancia con las personas de ojos achinados, sobre todo si los mismos llevan en su poder una cámara de fotos.

No es posible que cada vez que uno quiere sacar una foto se tenga que enfrentar con la gran muralla china. Todos de gorrito, con un lente casi telescópico, el paraguas a punto de arrancarte un ojo, pero no importa, ellos siempre van a estar adelante tuyo la hora de disparar la foto.

Para colmo son tantos, que seguro que en el momento en que te animaste a pedirle a alguien que te saque una foto porque estas harta de las “selfies” (auto-fotos) que quedan como el culo, seguro que se te cruza uno de estos seres achinados y te la arruina. No contentos con esto, hay que ver la de pavadas que hacen posando. He visto de todo.

Hablo de personas con ojos achinados porque he descubierto que no todos son chinos. Por ejemplo, hubo un  tipo de Nepal quien hizo que le sacara no menos de diez fotos con exigencias y todo (cuerpo entero, cara y torre, cintura para arriba y torre, etc.).

Finalmente, si estos individuos con ojos achinados son tan aficionados a la fotografia, que no pueden ver la vida sin el lente, no se supondria que cuando uno les pide que le tomen una foto deberia ser digna de tapa de revista? Pues no es el caso.

Por ultimo si algo me faltaba la ultima noche en Bruselas, compartí mi cuarto con una suiza y dos chicas achinadas. Esta bien, no hicieron su cama cuando llegaron en la tarde, cosa que es importante para la convivencia sobre todo si no sabes a que hora y en que estado vas a llegar a la habitación.

Pero si al revuelo que armaron para poner las sabanas, cosa que es bastante jodida si se trata de cuchetas, le sumamos que prenden la luz del cuarto y cuando abro un ojo veo a una de ellas con una mascara cual “La piel que habito” (película de Almodovar, “googleenla”, lo entenderán, como carajo les voy a agarrar cariño a estas personas….

Casi muero de un infarto en el acto …Eran sur coreanas, me entere esta mañana mientras observaba la sesión de maquillaje intensivo que les llevo una hora. Realmente, no dejo de sorprenderme, que maravilla viajar….

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Si, podría empezar a contarles la innumerables cosas que voy viendo desde que llegue. El tiempo queda corto cuando se esta pasando indo y quiero tener relatos para la vuelta con fotos incluidas. Es indescriptible para mi estar escribiendo sentada en un barcito de Amsterdam mientras espero que para de llover para volver a lo de Sebastiaan.

No dejo de sorprenderme, desde el principio. Desde que llegue a París y decidí que quiero volver. El no sentir las piernas de tanto caminar, perderme mil veces porque todo es tan lindo y nuevo que es irreconocible el lugar por donde pasaste una hora atrás.

Me parece mentira estar frente a todo esto, haber caminado por los jardines de Tullerias, escuchar historias asombrosas de Luis XIV que distan muchísimo de aquellas que nos contaban en el liceo, caminar miles de cuadras por la Champs Elysees hasta llegar al Arco de Triunfo, llegar a la Torre Eiffel y tirarme a tomar mate en el pastito de los Campos de Marte.

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Hablar con viejos dueños de almacenes en Brujas y recorrérmela integra, y, finalmente ser tan afortunada de llegar a una suerte de hogar antes de seguir que es la casa de Sebs en Holanda, mas precisamente en Muiden un pueblito preciosito a quince minutos de Amsterdam.

Son cosas que emocionan y que podría compartir con lujo de detalle y ganas, si tuviera mas tiempo y si escribir esto no implicara que me arranquen los ojos por euros. Casi todas las ciudades menos Bruselas me recibieron bajo lluvia. Llegue a Amstel (la estación de ómnibus y metros de Amsterdam el sábado de tarde. No podría sentirme mejor, no solamente estoy en Amsterdam sino que ademas, juego de local de la mano de mi amigo Neerhout.

En un pueblo de 3000 habitantes en el 34 de Zeestraat encontré una familia a mitad de camino. Es emocionante estar compartiendo esto con Sebs, compartir su lugar, cuando durante años siempre fue “al verse”. Como si esto fuera poco tuve el placer de conocer a parte de su familia, y de la mejor manera que alguien puede imaginar: un paseo en barco por los canales de Amsterdam (traquilo´lo pibeee)

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Es una forma increíble de conocer esta ciudad, dicho por el mismo padre de Seba. Comiditas ricas, copitas de vino, con Sheila (la mujer de Hans, el padre de Sebs) oficiando de guía turística, mostrándome todo cuanto podía. De ahi a ver Flamenco a un bar de tapas, a la zona roja y hasta un coffee shop (cuanta civilización).

Estos deben ser los primeros días desde que empece el viaje que descanso de verdad. No solo por sentirme “en casa” de algún modo sino, por la companía. Sebastiaan con su ritmo hace que yo baje las revoluciones. Por momentos es desesperante que haga todo con esa calma infinita y al rato pienso lo bien que me hace para darme cuenta de mi ritmo demasiado vertiginoso.

Desayunos de horas, asados en el mar del Norte, días enteros de playa y caminatas por el centro de Amsterdam, visitas a viejos vecinos, siestas, y mucho mas. Una inyección de energía y de paz para continuar por el camino.

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De Praga no sabría que decir de tan hermosa que me pareció. Como siempre al lugar lo hace la gente y Praga fue un prefecto ejemplo y no precisamente por los checos.Día 15 maravilloso. No es por ponerme poética, pero me siento feliz de todo lo que vengo viendo con los ojos hacia afuera y también hacia adentro.

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He visto a mozos parisinos de un bar invitar a estadounidenses a retirase del local porque entraron directamente al baño sin saludar.He visto belgas con los ojos inyectados en sangre de tanto tomar cerveza. Sentí olor a marihuana apenas me baje del ómnibus en Amsterdad y descubrí que fuman generosamente menos que los Uruguayos (hasta ahora).

Casi me llevan puesta en reiteradas ocasiones por no entender que los autos no importan pero que tenes que estar a cuatro ojos con las bicicletas. Vi mi ritmo aceleradísimo siempre, sin importar que este de vacaciones y que lo puedo bajar pero que es una tarea fina.

Comí waffles hasta reventar y volví a encariñarme con la cerveza. El tortugo piso el pastito de los Campos de Marte, el arena del mar del Norte, se refresco en el Moldava y también en el Tevere, para darle tregua a los 32 grados de temperatura y a los diez o mas kilómetros promedio de caminatas diarias.

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Descubrí que en Italia no solo esta el mejor café sino también los mejores helados. Que dormir a esta altura de el partido me es importante para disfrutar mas. Que ser uruguaya es ser Cavani y que mis antepasados Napolitanos son bravísimos. Que cuando mis amigos me decían que en Italia yo iba a ser  un éxito, tenían razón, lo que no me dijeron era que me tocaban los de 55 años para arriba.

Que no me dan los ojos ni los días para todo lo que hay para ver y que me siento la mas afortunada del mundo hoy, y que también me los traería a todos para poder compartirlo. Que la luna donde la veas es la estrella numero uno del espectáculo, hay que ver como adornaba el castillo de Praga!

Que no hay cosa mas linda que escuchar hablar a un niño italiano, es música para los oídos. Que el checo es un idioma que no podría ni me interesaría aprender. Que lo bueno en este tipo de viajes es que aprendes a “dejar”, la persona que fue tu compañera/o de viaje durante dos días con intensidad adolescente va a irse, o vos te vas a ir, y va a pasar a ser un contacto de Facebook, pero que también se va a quedar para siempre en tu memoria.

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Que no se usan tangas salvo en Uruguay y que mi conclusión es que usan ese traje de baño que les tapa todo el culo para que no se vean las marcas que les dejan las piedras y parezcan llenas de celulitis (aca no hay arena). Que nunca vi el agua tan azul. Y que estoy empezando a extrañar hablar español un rato!

Me quedan diez días de viaje y sigo con el temita de que no es tan fácil encontrar una computadora para escribir por lo que me vi en la obligación de guardarme los cuentos, anécdotas, detalles para la vuelta. Vaya preparándose, escuche música, disfruten de los ratos de silencio, porque voy recargada y va a estar bravo hacerme callar.

Llegue ayer a Madrid, quedo atrás Praga, Roma y el Sur de Italia. Todavía no lo creo. Va a ser difícil que me saquen de este lugar. Hay una magia increíble, algo que pasa adentro, y que no cualquier lugar te hace sentir. Por que? No se. Solo pasa, sentí ayer adentrándome en Madrid casi la misma sensación que siento cuando el avión aterriza en Montevideo, y todavía no vi nada.

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Gente que ama la vida…ahhhh si!

Gente que viaja porque puede y poco le importan las condiciones. Así, simple. Acabo de ver por las calles de Barcelona a una pareja o un par de amigos que salieron del bar (donde yo castigaba a mi cuerpo fumando y tomando un vaso de cerveza) en sillas de ruedas agradeciendo a quienes les abrían paso, con los ojos llenos de amor.

Cuando finalmente llegaron a la vereda vi como la mujer sacaba un pañuelo y le limpiaba al hombre la baba que le colgaba inminente de la quijada. Vi como chocaban las sillas y como se encaminaron los dos hacia lugares diferentes, con las mochilas colgando del respaldo.

Tal vez son locales, tal vez estén de viaje, así como ellos vi a varios a lo largo del camino y carajo! Que paso? Que es con todo esa fuerza de mentira que tenemos quienes contamos con dos piernas y un cuerpo relativamente movible y sano?

Que poquito que sabemos, claro que se me caen las lagrimas, son imágenes, segundos, momentos que te enseñan que te cortan la respiración que te hace cuidar y amar mas…aun mas.

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Pongamos que hablo de Madrid. 

Hay lugares que tienen un no se que, un que se yo. Eso no pasa en todas las tierras que pisamos y cuando lo hacemos, cuando pisamos esa tierra, tenemos la certeza. Sin dudarlo no se explica ni se transmite. Es una sensación en el momento que aterriza el avión en el momento en que pisas una calle.

Lo sé porque Madrid me recordó a la otra ciudad donde me paso algo así, otra ciudad que nada tiene que ver con Madrid pero me hizo sentir ese no se que, ese que se yo: Rio de Janeiro. Por supuesto que en este cuento estoy obviando a mi Montevideo que es el lugar de mi vida, tierra de las tierras.

Madrid me recibió con 30 grados a las 8 de la noche, riquísimo. Para mi una vez que entraste en la Unión Europea todo es tan, pero tan fácil que me río de mi misma acordándome de meter una cuenta de UTE, la carta del trabajo y la vacuna antitetánica en mi mochila, pensando en las muchas chances de ser deportada.

El avión aterriza en Barajas y siento esa sensación que es de otro mundo, es la sensación de estar en casa, pero, esta vez, sin estarlo. Un ómnibus hasta plaza Cibeles y una caminata por el Paseo del Prado, una cerveza a 1 euro, me dieron la bienvenida. Me adentre en la Calle de las Huertas para llegar a mi hostal que resulto ser una peatonal llena de boliches típicos, inscripciones en el suelo, algún Kebab (los lugares de Pakis como le dicen acá) otros de comidas varias.

Se mueve, hace ruido la Calle de Huertas a pesar de ser las ocho de la noche de un lunes. En dos días recorrí prácticamente todo lo que quería de Madrid guiada por las estaciones de metro, estación a la que no había llegado hasta ahí me encaminaba. Para mi era estar adentro de una canción de Sabina.

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Madrid es fácil, Madrid es casa, es chico, y grande a la vez me fue extremadamente familiar…tanto que me quede dos días mas de lo previsto. Entre tanto fui a Toledo. En el día dos de mi estadía por ahí ya andaba yo por la calle Huertas saludando a lao vecinos. El Rafa un tipo de Cadiz que no paraba de hablar, la Carmen repartiendo volantes para el boliche de la noche “El Deseo” …Y cantábamos flamenco mientras atendíamos un local de comida italiana (que de italiana no tenia nada)

– TChicosh, a que quieren bailar eshta notche?

Absolutamente todas las noche, en ese “curro”, que no quiere decir que robe, es su trabajo. Total, que todas las noches mientras repartía volantes  buscaba arengar gente para esa cueva, con esa voz igualita a Adriana Varela, nos fumábamos un pucho con la Carmen y nos matábamos el tiempo compartiendo historias.

Creo que podría hablar horas de Madrid. Estoy casi segura de que no me quedo casi nada por recorrer de Madrid centro.No dudo que haya mas lugares escondidos, pero siento, que lo vi todo. Pero siento que quiero ver mas. Me voy de este lugar con la sensación de pertenecer. De querer quedarme.

En estos últimos días de viaje estoy haciendo el esfuerzo no tan intencional cosa de llegar a Uruguay y necesitar vacaciones de las vacaciones: Madrid fue una fiesta.Metí 8 horas, tres de las cuales dormí por exagerar, para llegar a Barcelona que desde que llegue no me deja dormír. Ay mama! Que vertiginoso el ritmo de esta cuidad!

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Al igual que en Amsterdam venir acá era venir a esta ciudad increíble que no duerme jamas, y a su vez habitar por unos días la vida de un amigo del alma que hace años no esta cerca físicamente y que estaba ansioso por mi llegada.

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Franco me estaba esperando a las 9 de la mañana en las estación de tren de Sabadell lleno de amor, de emoción. Recibirme para el fue hermoso, mas aun para mi. Entre juergas y charlas, con Noelia hicimos noches de flamenco, hicimos picaditas y vino con Fran…La vida es maravillosa.

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El Metro

Encontré otra dimensión que no conocía. Al igual que al principio cuando me di cuenta que el Aeropuerto Internacional de Carrasco poco tiene que ver con El Prat de Barcelona, parte de mis aprendizajes viajeros tuvieron que ver nuevamente con mi errónea noción de distancias.

Cuando te dicen que te tenes que tomar un metro, bajarte y cambiar con otro de otro color, es, porque tenes que hacerlo! No! Hay que entender que en la puta vida y aunque fueras Hussain Bolt con championes anatómicos y calzas anti-dolores, de ninguna manera podes llegar caminando.

Claro, si uno se cansa en Montevideo se toma un 183 o 60 (siempre y cuando no sean las dos de la mañana) y llega. Acá no, de una parada de metro a la otra hay 20 cuadras. Las estaciones son inmensas y confusas para el uruguayo tipo que tiene que tomarse un solo bondi para ir a trabajar. Las combinaciones posibles infinitas.

Rara vez se sube alguien a cantar o a vender artefactos poco útiles (como la crema quita manchas que mas que quitarte las manchas te arruina una remera al primer uso), ni es probable que te pegues una siesta ya que los asientos no se reclinan. Y si te llegas a subir a una hora pico con la mochila que tiene el tamaño de un rinoceronte en la espalda, te quiero ver.

Estoy dudando de que la gente haga por habito no mas, esto de correr en la estación. Siempre, siempre están por perder el metro. La escalera mecánica se parece mucho a andar por una carretera, uno se corre a la derecha para que por la izquierda pase la gente zumbando como bólido.

No comprendo, a los 5 minutos va a pasar otro, y encima tienen un cartelito que se los anuncia por si se quieren ir a tomar un cafecito. Poco saben del sistema de transporte capitalino. Si me habré quedado parada bajo la lluvia por dejar que los viejos (con todo respeto) suban antes que yo a un 522.

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Leo esto, creo que perdí la mitad de los cuentos… o quizá en aquel momento, hace casi exactamente un año sentí que todo mi viaje terminaba en la historia del metro, o tal vez supuse que ya no quería escribir mas, que ya había dicho todo.Tal vez dije todo, tal vez no. Se que hable, sentí, grite lo suficiente. Se que otras cosas se quedaron adentro mio quemando la piel. Se que voy a volver. Se que voy a regresar.

En todas partes y en ningun lado (Juguetes perdidos)

Toda la lentitud o la falta de movilidad se esfumo el fin de semana. El viernes salí a bailar con Lili. Lili es de El Salvador y trabajaba (hasta el jueves) en la cocina del hotel. Esta semana no va a ser lo mismo porque consiguió otro trabajo y ahora mismo está en Chicago haciendo un curso. Así que para hacer una despedida nos fuimos a bailar a La Rumba.

La Rumba es un lugar en el centro (Downtown) al cual esta vez llegue en auto. En La Rumba hay clases de salsa y hay que ver lo que pasa ahí adentro. Como en todo “curso” de salsa la mayoría tiene una pareja por lo que ir de a dos, con otra fémina, puede ser aburrido o demasiado divertido.

Dancing queen

Dancing queen

Está claro que los yankees no se caracterizan por su ductilidad a la hora de bailar. Realmente apestan por lo general. Termine siendo compañera de baile de un veterano alto, alto, que se copaba haciendo una coreografía sin música y me preguntaba cuanto hacia que iba a clases, y yo le decía que no, que no bailaba salsa. Y el que sí y yo que no, y que si y que no, hasta que me preguntó de donde era y le dije que era de Uruguay. Seguro no sabía dónde quedaba Uruguay pero se dio cuenta que hablaba español y me dijo:

-So you are “latina” that explains it all (Ah! Así que sos latina, eso lo explica todo)…Como si yo fuera una colombiana bailando una bachata ardiente.

Claro es de esperar que si el salón de baile explota en gritos y carcajadas porque la profesora le pone las manos en la cintura al profesor mientras sacude el culo, es muy probable que esa gente no baile tan libremente. Le puso la mano en la cintura, no le estaba haciendo una felación en el medio de la clase!

En definitiva cada momento no hace más que sumar a la experiencia. Lindo haberlo vivido, pa’ poderlo contar. Pasamos una noche preciosa con Lili me trajo de nuevo al hotel, y el sábado a las 9.30am estaba pronta esperando a Kylee y a Andrew que me pasaban a buscar para recorrer juntos.

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Kylee y Andrew son una pareja de unos 35 años promedio que conocí tomando una cerveza al sol y pidiéndoles que me tomaran una foto. Esa noche de domingo, hace dos domingos ya, terminamos de juerga y de charlas hasta las diez de la noche (que es como decir en Montevideo, a las tres de la mañana) escuchando jazz en vivo en un lugar al que finalmente termine yendo cuatro veces a lo largo de mi estadía: Bull & Bush.

El sábado entonces, fuimos a recorrer un poco más allá de Cherry Creek, Glendale y Downtown, y de a poco nos adentramos por la montaña para ver el Gross Reservoir una especie de dique (artificial, claramente, pero deslumbrante) en el medio de un paisaje difícil de creer, desde ahí bajamos a la ciudad de Boulder que es un lugar donde cualquiera de nosotros podría vivir, salvo porque las casas que están a la venta salen 2.5 millones de dólares.

A la vuelta (y volvimos temprano porque Andrew quería emborracharse de cerveza tranquilo) fuimos al lugar donde nos conocimos aquel domingo, que se llama nada menos y nada más que World of Beer (Mundo de la Cerveza). Pasamos una hermosa tarde y a eso de las nueve de la noche estaba de vuelta en el hotel con el estómago inseguro por haber probado desde cerveza con jengibre a cerveza con limón pasando por una gran variedad de picantes.

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A las 7 de la mañana del domingo estaba despierta por amor al arte, mate, libro, desayuno, cuanto placer en unas horas. A las 10am pasaron por mi Sandi y Natalie, dos mujeres de la agencia donde estoy trabajando. Ambas gran soporte en la semana anterior que había sido cruda, Gaby estuvo a punto de ligarse un par de piñazos de cualquiera de ellas.

Salimos mateando por la carretera en una onda dominical digna de tener con gente que uno conoce desde hace tiempo. El paisaje no es posible, tanta inmensidad  abruma, casi como ver el mar en invierno. Hasta ahora solo sabía del mar, y tenía un vago recuerdo de Bariloche quince años atrás. Las montañas son gigantes y la belleza es demoledora, no es raro que alguien con la sensibilidad al mango sienta que se le oprime el pecho ante tanta maravilla.

Estaria siendo demasiado ...

Estaria siendo demasiado …

Llegamos a Estes Park, ahí está el Hotel Stanley que fue la fuente de inspiración de Stephen King para escribir “El Resplandor”. El hotel es increíble, pero más lo es la vista desde el alero del hotel. A la salida del hotel, ya casi entramos en lo que es el centro de este pueblito, es precioso, a mí que tanto me gusta la playa y el calor, estoy pensando seriamente que unas vacaciones en una cabañita por acá no estarían nada mal.

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Desde Estes Park seguimos ruta somnolientas, después alimentarme con la primera hamburguesa que como desde que llegue. El camino es largo y Sandi un As del volante, con Natalie atrás que es un sol.

Pasamos por una especie de barrio que es un casino ambulante. Entre Central City y Black Hawk se levantan entre medio de las montañas, donde minutos antes no veías nada, unas edificaciones enormes, llenas de espejitos de colores, mientras tanto pasean autos que antes no estaban en la ruta y ves mucha gente fumando cosa que es rara por estos sitios. Es un gran Maroñas, en el medio de un paraíso, nada que ver, pero pintoresco.

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A la mañana yo había tirado de pasada que en realidad no conocía mucho, que todo fue muy de golpe y que no había tenido tanto tiempo de hacer un trabajo de campo para ver qué lugares visitar (mentira, eso lo hago arriba del avión cuando leo las revistas de la aerolínea que dicen “Visit Denver”). Lo único que había visto y me parecía increíble era Red Rocks: un anfiteatro en el medio de la montaña, donde han tocado desde Los Beatles a Carlos Santana, pasando por Sting, U2, Tracy Chapman y demás.

Allá fuimos, es hermoso haber llegado a ese lugar, y más hermoso es que Sandi y Natalie hayan querido ir y que se sorprendieran junto conmigo a pesar de haber ido a varios recitales ahí. Hoy, martes siendo las 8 de la noche todavía me duelen las piernas de subir y bajar esas escalinatas hacia el escenario. Eso es muy increíble, yo voy a volver a ver un recital de Extremoduro acá, o de Los Redondos, o de Janis Jopin, corro con la mala suerte de que la mayoría de los que quisiera ver están muertos o ya no siguen juntos!

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Ya volvió a pasar el lunes y otra vez martes… Queda un último tironcito, y lo disfruto.  Lo disfruto de la mejor manera porque estoy rodeada de gente preciosa, porque hubo gente que se tomó un sábado o un domingo para compartir y pasar conmigo el día. Un último tironcito con gente que sé que me queda guardada para siempre en mi cabeza y en el alma: Nancy, Lili, Tim, Mark, Jan, Joe, Di, Andrew, Sandi, Natalie, Kylee, Lisa, etc. Mucha gente, igual que yo, igual que ustedes, con mil vueltas, con mil alegrías, con tristezas, aprendiendo, a porrazos, y levantándose. Sigo insistiendo, ningún lugar está lejos.

A una transeunte…

Después de más de tres semanas conozco casi de memoria las calles de Glendale. Llegar al centro fue una aventura de sábado que me costó un dolor intenso en las pantorrillas hasta el miércoles. Downtown, el centro, queda a más o menos seis kilómetros de mi hotel y si a eso le sumamos la recorrida, y el regreso supongamos que ese día camine unos diez kilómetros.

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Claro, el cálculo no les cierra porque lo que no comente es que al regreso mientras me debatía entre la calle y la vereda porque todo estaba lleno de nieve y ya era de nochecita me intercepto, lo que para mí es un patrullero, una camioneta de policía. El señor oficial me pregunto a dónde me dirigía y yo que no confío mucho en esta gente estuve a punto de decirle que no hablaba inglés.

Freddy, John, Cody…no se bien cuál era su nombre, insistió en preguntar hacia donde caminaba. Cuestionó y por no ser del todo rebelde, accedí y le comente, después de un rato termine subida en la parte de atrás de la camioneta cual prisionera de la ley y Freddy, John, Cody me dejo exactamente en la puerta del hotel. Nueva lección: los policías de Denver no son todos malos (sigo desconfiando). Cuando me baje, después de estrechar la mano del oficial, cerré la puerta y vi que decía “servicio y protección”, esta vez fue bastante acertado.

Como siempre estar lejos, trabajar lejos siempre tiene una parte no tan linda, pero el sentimiento general es de satisfacción y felicidad. Sé que no estoy haciendo una obra de bien, como laburar con gurises como siempre he querido hacer pero, sin embargo cada vez que me paro delante de un grupo de veteranos que se están por arrancar los pelos y les puedo arrancar una sonrisa eso hace que mi trabajo me guste aún más, y que los días se pasen mejor. Que ironia, quiero trabajar con nenes de 5 y trabajo con gente de 55. Todo suma, todo es lindo.

Por el contrario si tengo a alguien demasiado negativa/o en mi clase, la semana es lenta y la noche un poco amarga. Eso pasa, ha pasado. Creo que esta fue mi primera vez. Hay gente que te chupa la energía y es bueno ver que uno puede sobreponerse. Hubiese querido un abrazo. Hubiese querido tomar unos mates con algunos a la salida, pero a nueve mil kilómetros eso no es posible. Asi que pues, hay que bancarse que haya gente que quiere pelear, y si uno no quiere, entonces, no pelea…y  a fumársela.

De cualquier modo, uno sabe que es así y que el día siguiente será mejor, y si no el siguiente, entonces, pasado mañana. O tal vez la semana que viene. Así fueron pasando los días y mientras tanto seguí caminando por Glendale con la esperanza de olvidarme de la mala cara de Gaby, que contaminaba todo el salón con mala onda,  y buscar nuevas cosas para hacer en el barrio sin demasiado éxito.

Entonces Glendale es un barrio precioso, claro, tal como diría mi viejo, lo es. El tema es que después de tres semanas puedo decir en orden las calles, se en que minuto el semáforo se pone en verde y puedo hacer una lista comparativa de precios entre el Super Target y el King Soopers, y me rio de solo pensar que es cierto. De cualquier manera es hermoso y le saque todo el provecho posible, no es pavada ver como baja el sol y saber que las montañas están por allá atrás.

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No es pavada ir caminando por el Cherry Creek y que pasen a todo trapo los ciclistas gritando:

  • On the left!!! (A la izquierda)

Desde un principio me pregunte esto: me están diciendo que vaya para la izquierda, me están diciendo que vienen a la izquierda? Y yo que a la hora de dar direcciones, miro para ver con que mano escribo, me quedo paralizada esperando el zumbido de la bicicleta. Hoy por hoy, descubrí que lo que quieren es avisarte que ellos vienen del lado que no escribís. Por supuesto nunca deje de caminar del lado de la derecha para que nada falle y no sea víctima o victimario en un accidente…perdón, del lado de la izquierda, no, de la derecha, de iz…de la der… algún día seré una conductora fantástica!

VENDER…digo, DENVER (el frio causa dislexia)

Tevu al mala diea de lasir a famur anste de ebscrir…es em cogenlaron ols deods y no uepdo…

Decía, que tuve la mala idea de salir a fumar antes de escribir. Aca eso no es tarea fácil, esa, la de salir a fumar.

Como el shock cultural ya lo viví hace algunos años la primera vez que pise los Estados des-Unidos de América, salvo el amable joven de la segunda inspección de mi pasaporte todo fluyo con normalidad. Esta vez el shock fue climatológico. Después de incontables horas de vuelo antes de definir cómo iba a llegar al hotel, salí a tomar aire, ese aire que te corta la respiración, que automáticamente hace que te salga agüita por la nariz, que te entorpece el cuerpo. No dure dos segundos, volví a entrar, me puse todo el abrigo que tenía en mi poder y volví al polo a tomarme un taxi.

Después de un rato de charla con el Etíope del taxi (juro que no estoy plagiando cuentos anteriores) donde el hombre me hablaba como siempre de Suarez, y esta vez de la mala actitud que había tenido cuando insulto a Evra porque él era un ejemplo y los niños lo admiraban, y con esto me dejo calladita en el asiento de atrás, llegue al hotel que es como una casa gigante enfrente a una especie de cañada muy pintoresca, y cálida.

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Ya me habia olvidado de contarles cuanto me diverti sola jugando a CSI Denver jaja!:IMG_1197

El cuerpo se va acostumbrando y después de una hora, encontrar la llave del candado de la valija, una ducha, y demás, salí y pensé, esto no esta tan mal, no es tan diferente a estar en Cuchilla Alta en pleno Julio, me prendí un cigarro y cuando iba por la mitad mire al lado a ver si no tenía un pingüino al lado pidiéndome una pitada.

Ese día nada fue posible, venia demasiado abatida. El paseo sabatino fue ir al súper que queda en la esquina donde hice mi surtido-estadounidense: apio, salsa ranch, lechuga de esa que es blanca, tomate (nuevo dentro del menú), una bolsa de pistachos, una batea que viene con fideos*, y una bolsa de porquerías chips llenas de grasa y picantes, que, mamá, no te preocupes son solo para la decoración del cuarto

*Ok ese día no tenía ganas de cortar ni una rama de apio. Me compre este recipiente de 14 cm de largo por 4cm de alto (para que vean que es chiquito) que trae fideos adentro. Los fideos son crudos, como si fueran los de la bolsa de los Adria para sopa, se les pone un polvo que se convierte en brócoli, lo metes en el microondas, y chan, de repente tenes una porción de fideos con crema de brócoli, hay algo en eso que no está bien y lo sé. Es la segunda y la última vez que lo hago…había hambre y vagancia en el cuadro.

Mi primer reconocimiento del lugar fue el domingo. A las 7am estaba en pie, ni el desayuno del hotel estaba pronto. Tome mate, me bañé, me vestí decidida a recorrer Denver. Voy a hacer una pausa en este momento, y el que haya llegado a este punto debe prometerme que el siguiente parrafo lo leera con la mayor velocidad posible:

Vestirse es algo que me está dando mucha pereza – ponga el calzón, arriba una media can-can, arriba de eso por favor coloque el otro par de medias can-can esas que adentro tienen polar y hace que sus pantorrillas se vean aún más gordas, coloque ahora la calza que queda bien con los championes de deportista antideslizantes, olvídese, su culo se ve realmente como el culo, todo marcado de las costuras de las medias. Ahora, el sutien, tambien olvidese, nunca tuvo tetas y en este momento tiene la suerte de que no hay nadie que la haga sentir una niña de diez años, aca no se ven escotes, hay menos siete grados celsius, una musculosa, ahora una remera de manga larga, continuando por el rompe vientos que hace que el cuello le pique, por encima el saco que usa en primavera en su país, bufanda, gorro, el tapado de con piel sintética adentro que queda espantoso con los championes deportivos, casi como su culo, bien, no hace tanto frio, hoy vale chaleco, y… no tenes guantes, sos una inepta. Esta descripción de los hechos data de seis días ya, todos los días, todos, desde que llegue.

Entonces, el domingo salí a caminar, fui bordeando esta cañadita que está enfrente al hotel, se llama Cherry Creek Trail, que es como decir “camino del pequeño rio de la cereza”, en español suena horrible. Mientras caminaba tratando de no matarme, haciendo la imitación de Robocop a cada paso que daba y con los dedos entumecidos, veía como en dirección opuesta venían varias personas haciendo “footing” (corrian, si corrian).

Mi primer pensamiento fue: que espíritu! El segundo: tan locos! El tercer pensamiento: pero que hijos de pu…con este frio…! El cuarto: en serio vas de camperita y short? El quinto: remera de manga corta, anda a hacerte ver! El sexto y último: tenes clavos en los championes que no te resbalas Usain Bolt? Y yo que parezco una atrofiada caminando para no resbalarme.

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Primer destino, shopping, como siempre, un shopping. En el camino, pude ver que el lugar es muy lindo, solo que con tanta nieve era difícil de disfrutar. La gente de por acá es muy amable, son lindos, recontra dispuestos a ayudar, a conocer, a pasar el rato. Creo que de los lugares de Estados Unidos donde he parado este es el que mejor impresión me ha causado interpersonalmente hablando.

Sigo sin creer que hay montañas a mi alrededor, los agentes, la gente del hotel, el tachero, me dijeron y me dicen:

– Viste que linda las montañas?

Y yo los miro como diciéndoles;

– Me estas jodiendo, no?

Desde que llegue no se ha visto desde acá ninguna montaña, parece que estoy rodeada pero no las veo porque está nevando siempre ahí, al igual que acá, pero debe ser más fuerte para ese lado. Parece que en unos días va a brillar el sol! Y se va a poner aún más lindo!

IMG_1228Se ven ahi atras!!